TE PIDO QUE NO TE VAYAS… AHORA ADIOS

Terminar una relación no es cosa fácil. No existen manuales ni recetas que te ayuden a eludir las emociones durante una ruptura. Un… “tenemos que hablar”… puede ser el inicio de todo un ciclo de discursos que intentan descifrar lo ocurrido; tanto uno como el otro, interesado en desestimar la verdad de su pareja, intentando validar la propia. Con las semanas y, tal vez, con los meses y los años, se irán asentando las cosas, esclareciendo los motivos o los sin motivos, pero mientras tanto, y sin temor a equivocarnos, es una de las etapas más extremas de la vida. Al parecer las fracturas emocionales dejan igual dolor que la pérdida mortal de un ser querido y, es que de alguna manera, algo muere: las palabras entre dos, los momentos compartidos, las pasiones, las miradas gestantes de ganas…

También debemos aceptar que existe cierto grado de complicidad, hay un entendimiento casi telepático entre la pareja, una conexión que nos fue uniendo a esa persona día a día y que permanece, aún después de la ruptura amorosa. Pero es aquí donde el asunto se pone interesante y donde cada uno de ustedes, avispados lectores, tendrá que aderezar con sus propios recuerdos sus propias historias, porque para cada uno la separación y el rompimiento guarda singularidades que solo ustedes saben.

¿Pero cuál es el aprendizaje? ¿Qué se puede esperar? Si es que algo se puede esperar, ¡claro!

A partir del rompimiento, vendrán las escenas donde cada actor de esta obra represente múltiples personajes: desde el/la ecuánime y mentalista que sabía anticipadamente todo lo que ocurriría, esperando el momento para asentar una frase de película como -“lo sabía… era cuestión de tiempo, ¡yo lo sabía!”- y que lo único que esto denota, es la negación de dejarse llevar por la sorpresa de tan inesperado dolor; de una emoción tan fuerte, tan incontenible que, de a poco, nos irá resolviendo o complicando la existencia según los ojos con la que logremos verla.

Y vendrán los deudos, amigos, amigas y familiares que, ante el cadáver de esta relación, reaccionan de diferentes maneras: algunos(as) con dolor, algunos(as) otros(as) con enojo y angustia. La intención es presentar, en la mayoría de los casos, la ayuda que el/la doliente necesita o, por lo menos sin pedirla, la que recibe. Muchos momentos serán narraciones eternas y condescendientes que otorgan valor a la experiencia, otros brindarán la compañía solidaria y, algunos más, “a tanto vuelo de zopilote”, verán tu vulnerabilidad como un festín donde tu atolondrada autoestima es el platillo fuerte.

Habrá entonces que tener tres cosas claras:

1. No todos los acompañantes traen agua limpia.- Algunos hablarán desde sus propias experiencias con el dolor a cuestas y, sin filtro, te intentarán convencer de una u otra cosa esperando (sin decirlo) que cumplas sus expectativas y no la tuyas; el camino será lento, doloroso y tendrá secuelas. Evita caer en la idea simplista de un “todo estará bien”; algún día tendrás que afrontarlo en relativa soledad.

2. Cuestiona la relación con ojos críticos.- Deconstrúyete y vuelve a construirte desde la honestidad contigo, no te engañes. Intenta encontrar las herramientas y los medios para exponer tu situación: escribe, canta, construye, pinta, etc… Siempre es muy catártico dejar que tus impulsos hagan vereda.

3. Busca ayuda profesional.- Si vas a componer algo en tu casa procura no llamar al médico o al psicólogo, él no sabe de tuberías. Lo mismo pasa en sentido contrario, habla con un profesional en el tema: psicólogos, sexólogos o terapeutas de pareja, siempre será una buena oportunidad para verte a través de la relación que acabas de terminar.

Sobre el autor:

Luis Ayala Monroy. Sexólogo Educativohttps://www.facebook.com/luisayalasex/about/