El último café

Tomo entre mis manos esa taza de café qué llevo minutos observando, cómo no queriendo terminarla, tal vez por temor a que cuándo termine de beberla tú, ya no estés en mi recuerdo.

De pronto escucho tu voz, dulce como miel, mi cuerpo reacciona por instinto, volteo y ahí estás, de pie, en el umbral de aquella vieja cafetería  y me sonríes, otra vez. Nos fundimos en un largo abrazo, no decimos palabra alguna, mí mente divaga por un momento, como tratando de entender que no eres una visión que sólo ha venido a saludarme, ó un extraño recuerdo que se sembró en mi mente y que hoy quiere acompañarme a beber una taza de café.

¡Sabes! Creo que el cielo ha escuchado mis ruegos, los años de ausencia han terminado. Si, se que puede ser temporal, pero esperaría que no lo fuera, pero si en algún momento te quieres ir, yo siempre estaré agradecido por éste tiempo que me has regalado.

¡Ven mi niña!, acércate más a la mesa, ven déjame estrechar tu mano. ¡Oh! Siento la calidez de tu ser otra vez, tu rostro ha cambiado, el tiempo ha sido benévolo contigo. Aún logro percibir tu ser, ese mismo que me ha inspirado durante estos largos años, eres la misma. Es curioso mi niña, cómo se pueden conectar las almas y los corazones.

Pero, ¿Porqué aquí? ¿Porqué en este viejo café? ¿Porqué en un sueño tan real?

¡Oh mi niña! Por fin apareciste, sin nada más que decir, y yo aquí; escribiendo de ti, tomando dictado de un corazón que no supo olvidarte, el destino se conjugo para reunirnos, para conectar a un par de almas que no pensaban encontrarse.

Por favor ven, estrecha mi mano y toma conmigo éste último café.

Por Adrián Celis

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