La importancia del Sermón de la Montaña

Diálogos con ‘El Negro Cruz’

Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Mateo 7: 28-29

 Quiero iniciar con una precisión: todos, pero absolutamente todos los libros, capítulos y versículos que conforman las Sagradas Escrituras, son fundamentales, porque son palabra de Dios, sin embargo, hay algunas partes que podrían constituirse en una especie de resumen, que en pocas líneas, se vuelve un tratado de lo que el Todopoderoso quiere que hagamos.

En ese sentido, considero que la prédica de Jesús de Nazaret denominada el Sermón de la Montaña, contiene una serie de enseñanzas, que nos sirven para comprender las reglas mínimas que todo buen cristiano debe practicar. De entrada, nos muestra cómo debemos dirigirnos al Señor en el momento de hacer oración, nos señala, también, cuál debe ser nuestra conducta frente a situaciones como la ira y el adulterio, por mencionar algunos ejemplos.

Mi recomendación principal, queridos hermanos, es que lo revisen y disciernan por su por su propia cuenta, lo pueden encontrar en el Evangelio de Mateo, en los capítulos cinco, seis y siete.

No obstante lo anterior, me gustaría hacer hincapié en los siguientes aspectos.

En principio, el Hijo del Hombre nos deja claro que NO todos los estamentos que rigieron al antiguo pueblo de Israel, contenidos en la Ley Mosaica o Ley de Moisés, son válidos, justamente, a partir de la llegada de El Salvador. Es preciso subrayar que entre dichos estamentos están los Diez Mandamientos, escritos y dados por el propio Jehová a Moisés, esto Mandamientos permanecerán, sin ninguna modificación, hasta el final de los tiempos, no se pueden interpretar, por ello, es que el Sábado es y será el día de Honrar al Señor.

Pero los decía que otros fueron variados sustancialmente, entre ellos el Ojo por ojo, diente por diente. Sobre el particular, nos dice Mateo 5: 38-39: “Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”.

La voluntad Divina es muy clara: amaremos al prójimo como a nosotros mismos, no hay lugar a la venganza, a la justicia por mano propia.

La premisa es fundamental, si la siguiéramos, no existirían los odios que desatamos entre humanos, lo que conlleva las guerras y otras conductas que son propiciadas por el enemigo de Dios. ¿Se imaginan cuanto sufrimiento evitaríamos si aplicásemos en nuestra vida diaria esta Ley del Altísimo?

Para que no nos enredemos, remata Mateo 5:48: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”.

Otro de los asuntos en los que Jesús nos aclara como debemos ser, tiene que ver con el altruismo.

Me parece que la ayuda que muchos hombres y mujeres de dinero suelen ofrecer al prójimo es necesaria y bienvenida, pero la forma en que lo hacen, a través de mecanismos mediáticos, no es la correcta.

Precisa Mateo 6: 1-4: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Más cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”.

Creo que la instrucción dada es muy clara, por lo tanto, sobran los comentarios.

Cierro esta breve reflexión, con una cuestión que somos muy dados a cometer: el juzgar al prójimo sin tener ninguna autoridad para hacerlo, puesto que es algo que no nos corresponde.

Cita Mateo 7:1-3 las elevadísimas y didácticas palabras de Jesucristo: “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?”

Hermanos, vuelvo a hacerme la misma pregunta y los invito a que la mediten y ofrezcan su propia respuesta: ¿Se imaginan el nivel de armonía que como sociedad lograríamos apegándonos a los preceptos de las Sagradas Escrituras?

Lo he dicho y no me cansaré de repetirlo, La Biblia es un manual de vida, los mismo para el poderoso que para el hombre sencillo. Me queda claro que todos cometemos errores, pero nunca es tarde para arrepentirnos y abrir el corazón al amor y la misericordia de Dios, como buen Padre, Él nos entenderá y guiará para llegar a la Vida Eterna, sólo nos pide, seguir sus ordenanzas.

Me despido como siempre, sugiriéndoles con respeto, que estudien La Biblia. Gracias.