Los falsos arrepentidos

Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Santiago 4:8

Resulta lógico, es parte de la frágil naturaleza humana, que cuando estamos afligidos, busquemos ayuda, ya sea de nuestros semejantes o de Dios, bien nos dice Proverbios 16:18: “Antes del quebrantamiento es la soberbia, Y antes de la caída la altivez de espíritu”.

En efecto, cuando pareciera que todo nos va bien, la soberbia impide que mantengamos una conducta de misericordia hacía el prójimo, además de que dejamos de lado las alabanzas al Todopoderoso, la altivez nubla el corazón del hombre y lo aleja de las enseñanzas de las Sagradas Escrituras. Pretendemos que todo lo podemos solos.

No obstante, como referimos al inicio de esta reflexión, cuando las cosas no van bien y entramos en una senda problemática, volteamos la mirada a Jehová de los Ejércitos y clamamos su benevolencia, lo podemos hacer en lo individual o como un pueblo que busca sosiego a sus calamidades.

A este respecto, recurramos a la lectura de 2 Crónicas 7:14: “si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”.

Hasta esta parte del comentario, debemos tener algo muy preciso: el Padre Celestial es infinitamente bondadoso, su misericordia es omnipresente, sólo tenemos que recurrir a Él, como sociedad o en lo particular, para pedir su ayuda, abrir el corazón para que el Espíritu Santo nos Ilumine, pero eso sí, nuestro arrepentimiento debe ser verdadero, porque si lo fingimos, es contraproducente.

Decíamos que en los momentos difíciles la congoja nos lleva a pedir ayuda, pero el enemigo de Dios es perverso y cuando nota que el problema ha sido superado, nos pone trampas, para que volvamos a tener a la soberbia  como un dañino alimento del alma. Superada la aflicción, recuperamos la altivez, lo cual significa que no entendimos las cosas y que la mezquindad sigue anidando en nuestro corazón.

Hermanos, hermanas, aunque la bondad del Señor es inagotable, Él sabe a la perfección cuando sólo enmascaramos los sentimientos para mostrar un fugaz arrepentimiento, lo que, como señalamos líneas arriba, puede volverse en nuestra contra.

Para que comprendamos mejor lo que les trato de explicar, es preciso, como siempre, recurrir a la fuente bíblica, que es palabra de Dios, no hay margen para el error, sus instrucciones son Divinas,

En este contexto, nos remitimos a la revisión de Proverbios 1:24-33: “Por cuanto llamé, y no quisisteis oír, Extendí mi mano, y no hubo quien atendiese, Sino que desechasteis todo consejo mío Y mi reprensión no quisisteis, También yo me reiré en vuestra calamidad, Y me burlaré cuando os viniere lo que teméis; Cuando viniere como una destrucción lo que teméis, Y vuestra calamidad llegare como un torbellino; Cuando sobre vosotros viniere tribulación y angustia. Entonces me llamarán, y no responderé; Me buscarán de mañana, y no me hallarán. Por cuanto aborrecieron la sabiduría, Y no escogieron el temor de Jehová, Ni quisieron mi consejo, Y menospreciaron toda reprensión mía, Comerán del fruto de su camino, Y serán hastiados de sus propios consejos. Porque el desvío de los ignorantes los matará, Y la prosperidad de los necios los echará a perder; Mas el que me oyere, habitará confiadamente Y vivirá tranquilo, sin temor del mal”.

No cometamos la insensatez de pretender engañar al Todopoderoso con falsos arrepentimientos, es imposible, además, las consecuencias de tal conducta impía, nos pueden pesar para el resto de la eternidad. No nos equivoquemos, porque corremos el riesgo de comer el fruto de nuestro camino erróneo.

Me despido como siempre, sugiriéndoles con respeto, que estudien La Biblia. Gracias.