¿Sabes por qué celebras el Día de Muertos?

¿Sabes por qué celebras el Día de Muertos?

 

Por Alejandra Navarro Pineda/Especial para Al Momento Noticias

CIUDAD DE MÉXICO, 31 de octubre (Al Momento Noticias).-El Día de Muertos es una tradición en la que los mexicanos celebran el regreso de los muertos al mundo de los vivos; es una manera de no olvidarlos, recordarlos, mantenerlos cerca, sentir que vienen de visita y comparten una vez más los alimentos, los objetos simbólicos que les pertenecían y hasta la música de su agrado.

Esta festividad es muy conocida internacionalmente; inclusive es considerada y protegida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad desde el 2003.

Pero, ¿Desde cuándo se realizan las fiestas de Todos los Santos y los Fieles Difuntos? Se llevan a cabo desde el año 827-844 de nuestra era por disposición del Papa Gregorio IV.

Sin embargo, en la época prehispánica los antiguos mexicanos contaban con Mictlantecuhtli, la dama de la muerte (la cual se relaciona con “La Catrina”), quien libera al hombre de sus penas; y el viaje después de la muerte no depende de la vida que llevó el difunto, sino de la manera cómo le tocó morir.

Los españoles llegaron a América en el siglo XV, observaron los rituales que hacían y se aterrorizaron tanto que movieron las fiestas a inicios de noviembre para que coincidiera con las festividades católicas del Día de Todos los Santos y Todas las Almas.

El siglo XVI fue una época de sincretismo, donde los esfuerzos de la evangelización cristiana tuvieron que ceder ante la fuerza de las creencias indígenas, dando como resultado un catolicismo muy propio de las Américas caracterizado por una mezcla de las religiones prehispánicas y católica.

En esta época se comenzó a celebrar el Día de los Fieles Difuntos, en las que se veneraban restos de santos europeos y asiáticos recibidos en el Puerto de Veracruz y transportados a diferentes destinos, en ceremonias acompañadas por arcos de flores, oraciones, procesiones y bendiciones de los restos en las iglesias y con reliquias de pan de azúcar –antecesores de nuestras calaveras– y el llamado “pan de muerto”.

En el siglo XVII, se confeccionaban unos “entierros” con figuras humanas cuyas cabezas eran de garbanzos y el traje de papel negro, simulaban al difunto y a los padres trinitarios, quienes se encargaban de llevar los cadáveres de la gente humilde al camposanto.

Los indígenas nahuas tenían dos fiestas dedicadas al culto de los muertos: Miccailhuitontli o fiesta de los muertitos y la Fiesta Grande de los muertos.

El día 1° de noviembre se celebra la fiesta de Todos los Santos que tuvieron una vida ejemplar y la de los niños difuntos.

Esta fiesta es pequeña en comparación con la del Día de Muertos, en la que se acostumbra realizar altares a los Santos dentro de las Iglesias y muchas familias suelen realizar altares a sus niños muertos dentro de las casas.

El Día de los Muertos (2 de noviembre) es la fiesta de los difuntos de México. La celebración está llena de muchas costumbres. A las personas les gusta ir y llevar flores a las tumbas, pero para otras representa todo un rito que comienza desde la madrugada cuando muchas familias hacen altares sobre las lápidas de sus familiares fallecidos. Estos altares tienen un significado importante, ya que con ellos se cree que les ayudan a llevar un buen camino durante su viaje.

Actualmente la fiesta de Día de Muertos se realiza del 31 de octubre al 2 de noviembre. En las comunidades indígenas y rurales, se tiene la creencia de que las ánimas de los difuntos regresan esas noches para disfrutar los platillos y flores que sus parientes les ofrecen.

Sin embargo, las ánimas llegan de manera ordenada;  el 31 de octubre y 1 de noviembre, es la celebración de los que llevaron una vida ejemplar y los niños; y el 2 de noviembre (el Día de Muertos) es el gran día donde adornan las tumbas y se hacen altares.

Ante la creencia de que los muertos “regresan” de visita, los mexicanos preparan coloridas ofrendas para halagarlos.

La ofrenda o el altar de muertos es un ícono representativo de la celebración de Día de Muertos reconocido mundialmente. Las ofrendas deben tener una serie de elementos y en algunas regiones, un orden. Tradicionalmente se conforma de siete niveles o escalones que simbolizan los pasos necesarios para llegar al cielo y poder descansar en paz. Los escalones tienen un significado y debe contener  ciertos objetos en específico.

En el primer escalón se pone una imagen del santo o virgen de la devoción. El segundo escalón es para las ánimas en pena. En el tercer escalón, sal para los niños del purgatorio. En el cuarto escalón se pone el “pan de muerto”, este pan es adornado con azúcar roja que simula sangre, se recomienda que el pan sea hecho por los parientes del difunto, ya que es una consagración. En el quinto escalón se coloca la comida y fruta preferida del difunto. En el sexto escalón la foto del fallecido a quien se dedica el altar. Y por último, en el séptimo escalón la cruz de un rosario hecho con tejocote y limas.

En la ofrenda se encuentran ciertos elementos que invitan al occiso a viajar desde el mundo de los muertos para convivir con los vivos:

  • Foto del Santo o virgen: para que haya bendiciones.
  • Foto del difunto: Dicha imagen honra la parte más alta del altar. Se coloca de espaldas, y frente a ella se pone un espejo para que el difunto solo pueda ver el reflejo de sus deudos, y estos vean a su vez únicamente el del difunto.
  • Arcos: representa la puerta que da la bienvenida a los fieles difuntos. Por la ubicación actual de las ofrendas dentro de los hogares, hoy en día es raro ver una con un gran arco elaborado de flor de cempasúchil. En diversas regiones del país los elaboran con carrizos de bambú atados con lazos.
  • Cruz: Utilizada en todos los altares, es un símbolo introducido por los evangelizadores españoles con el fin de incorporar el catecismo a una tradición tan arraigada entre los indígenas como la veneración de los muertos. La cruz va en la parte superior del altar, a un lado de la imagen del difunto y puede ser de sal, cal o de ceniza. También simboliza los 4 puntos cardinales.
  • Copal e incienso: El copal es un elemento prehispánico que limpia y purifica las energías de un lugar y las de quien lo utiliza; el incienso santifica el ambiente.
  • Agua: se colocan vasos con agua para la sed de las almas viajeras y como representación de uno de los cuatro elementos básicos de la naturaleza
  • Velas, veladoras y cirios. Estos se consideran como una luz que guía en el mundo. Son por tradición de color morado o blanco, y significan duelo y pureza, respectivamente. Los cirios pueden ser colocados según los puntos cardinales, y las veladoras se extienden a modo de sendero para llegar al altar. La flama representa la fe y esperanza e ilumina el camino para que los difuntos encuentren su antigua casa terrenal.
  • Cadena morada y amarilla (vida y muerte): La unión entre la vida y la muerte.
  • Papel picado: Se dice que representa al aire, uno de los cuatro elementos omnipresentes en la ofrenda.
  • Petate: ofrece descanso.
  • Flores: son la bienvenida para el alma, la blanca representa el cielo; la flor amarilla la tierra y la morada el luto.
  • Sal: para que el cuerpo no se corrompa.
  • Comida: se trata de agradar al difunto compartiendo los alimentos que les gustaban en vida.
  • Bebidas alcohólicas. Son bebidas de la preferencia del difunto denominadas “trago”. Generalmente son “caballitos” de tequila, pulque o mezcal.
  • Objetos personales. Se colocan igualmente artículos pertenecientes en vida a los difuntos, con la finalidad de que el espíritu pueda recordar los momentos de su vida. En caso de los niños, se emplean sus juguetes preferidos.
  • Cañas: en varias regiones de México se dice que su vaina representa a los huesos de los difuntos.
  • Dulces y juguetes mexicanos: para las almas de los más pequeños

Otros tres objetos que no deben faltar en las ofrendas es la flor de Cempasúchil, las calaveritas y el pan de muerto.

La flor de Cempasúchil o “flor de veinte pétalos”, famosa por su intenso color amarillo, es un ícono de México para el mundo.

Cuentan que en Malinalco al morir alguien, los familiares adornaban la tumba con ramos de pequeñas flores amarillas llamadas Tonalxóchitl, pues se creía que estas flores poseían la habilidad de guardar en sus corolas el calor de los rayos solares.

Los mexicas al pasar por el valle de Malinalco adoptaron esta tradición, solo que a ellos esa flor les pareció muy sencilla, y con el paso del tiempo transformaron la Tonalxóchitl en una flor con más pétalos, hasta que lograron juntar en una sola flor veinte.

Así decidieron llamar Cempasúchil: “veinte flores” a este símbolo color amarillo intenso, anaranjado o morado.

Representa a la vida que nace de la muerte, pues la vida es solo un lapso al término del cual hay un momento para morir y la muerte es un paso para vivir de una forma distinta.

Esta flor, conocida en Estados Unidos como Mary Gold, no es sólo un deleite a la vista, además cautiva por su intenso aroma y llama la atención en todas partes.

Por esta razón se ha convertido, junto con las calaveritas de azúcar y el pan de muerto, en uno de los íconos de las fiestas de muertos.

El pan de muerto, desde los primeros años de la Colonia, está cargado de muchos simbolismos; incluso de varios que ni los propios expertos han logrado esclarecer por completo.

Unos dicen que los huesos hechos de masa hacen referencia a los del difunto a quien se recuerda, otros que representan los cuatro puntos cardinales. Incluso en algunos lugares está la creencia de que sus ingredientes están asociados a los frutos de la tierra y la vida.

La gran variedad de este bocadillo ha dado pie a numerosas líneas de investigación para los historiadores. Cuentan que en el México antiguo se realizaba un ritual donde una princesa era ofrecida a los dioses, su corazón aún latiendo se introducía en una olla con amaranto y después el que encabezaba el rito mordía el corazón en señal de agradecimiento a un Dios.

Los españoles rechazaron ese tipo de sacrificios y elaboraron un pan de trigo en forma de corazón bañado en azúcar pintada de rojo, simulando la sangre de la doncella. Así surgió el pan de muerto. José Luis Curiel Monteagudo, en su libro “Azucarados Afanes, Dulces y Panes”, comenta: “comer muertos es para el mexicano un verdadero placer, se considera la antropofagia de pan y azúcar”.

El pan de muerto ha sufrido modificaciones al que actualmente ya conocemos y tiene un significado, el círculo que se encuentra en la parte superior del mismo es el cráneo, las canillas son los huesos y el sabor a azahar es por el recuerdo a los ya fallecidos.

De las famosas “Calaveritas”, inicialmente de amaranto (pues el azúcar no existía como tal entre los antiguos mexicanos) y ahora también de azúcar y chocolate, se cuenta la historia que son producto de una técnica traída por los españoles: el alfeñique, especie de caramelo o confitura con base en azúcar pura de caña hasta formar una pasta moldeable.

Los estados que originalmente acogieron esta forma gastronómica son Guanajuato, Morelos y el Estado de México, siendo este último uno de los más importantes en la producción de alfeñiques, al punto de realizar una feria anual dedicada a este manjar.

Una de sus particularidades es llevar en la frente el nombre de la persona a la que está destinada, ya que es una forma de recordatorio de que lo único seguro que tiene el ser humano es la muerte.

Y cuando hablamos de las “calaveras”, antiguamente llamadas “panteones”, son un epitafio-epigrama lacónico, según  el caricaturista zamorano Eduardo del Río “Rius”, y están escritas en forma de verso dedicado a los amigos, familiares o conocidos sólo en Día de Muertos. Una de sus características es que constituyen una oportunidad para expresar lo que se piensa acerca del otro, de espacios, funciones o cosas, de un régimen del pasado y del presente. No es fácil decir lo que uno piensa de los demás, por eso las calaveras constituyen una forma de literatura valiente.

Quienes escriben panteones son personas que ven la muerte con un sentido del humor, combinado con el ingenio que le imprimen a sus escritos.

Esta forma de escritura se desarrolló desde el siglo XIX. Al cobrar fuerza en el siglo pasado, las calaveras comenzaron a ser censuradas por los gobiernos en turno debido a que una gran cantidad sirvió como crítica a los funcionarios, pues en ellas se manifestaba la inconformidad que imperaba entre los gobernados.

Hay quienes hicieron periodismo atrevido con las calaveras dedicadas a magistrados, maestros, poetas, militares, artistas y otros personajes, mismas que publicaban en hojas sueltas, en periódicos o revistas y se vendían al público el día 2 de noviembre.

También hay quienes se manifestaron con gran fuerza en el arte sobre el tema de la muerte. El más reconocido por sus grabados e ilustraciones de calaveras fue el artista José Guadalupe Posada, creador del personaje de la “Catrina”.

¿Y, qué sucede con el dichoso “Halloween”? Se dice que ya está invadiendo las tradiciones mexicanas y esto provoca que el día de muertos se esté extinguiendo.

Si a ti te gusta celebrar “Halloween”, antes de ponerte tu disfraz de Freddy Krueger, Jason Voorhees, Chucky u otro personaje norteamericano de terror, primero hay que saber que significa y de donde proviene.

Halloween viene de la derivación de la expresión inglesa All Hallows’s Eve (Víspera de todos los santos). El Halloween es de origen celta, se dice que hace muchos muchos siglos antes, se realizaba una festividad conocida como Samhain (deriva del irlandés antiguo y significa “fin del verano”) se celebraba el final de la temporada de cosecha, y se consideraba como el “Año Nuevo Celta”.

Creían que la línea que unía este mundo con el Otro Mundo se cruzaban con la llegada del Samhain y se permitía que las almas, buenas o malas, fueran invitadas.

Se piensa que el uso de trajes y máscaras es debido a la necesidad de ahuyentar a los espíritus malignos. Su propósito era adoptar la apariencia de un espíritu maligno para evitar ser dañado.

Llega a Estados Unidos en 1840 cuando los inmigrantes irlandeses transmitieron versiones de la tradición durante la Gran hambruna irlandesa. Fueron ellos quienes difundieron la costumbre de tallar los <<Jack-o’-lantern>> (calabaza gigante hueca con una vela dentro), inspirada en la leyenda de <<Jack el Tacaño>>.

Sin embargo, la fiesta no comenzó a celebrarse masivamente hasta 1921. Ese año se celebró el primer desfile de Halloween en Minnesota y luego le siguieron otros estados. La fiesta adquirió una progresiva popularidad en las siguientes décadas.

Hoy en día Halloween es una de las fechas más importantes del calendario festivo estadunidense y canadiense.

AMN.MX/anp/bhr