Morir en Las Vegas

Morir en Las Vegas

Murieron en Las Vegas por el azaroso juego del destino

Ayer por la noche, la información disponible hablaba de al menos 59 muertos y alrededor de 500 heridos, por el tiroteo desatado el domingo por la noche en la ciudad del juego, cuya autoría se achaca a un tal Stephen Paddock, un contador jubilado que tenía 64 años de edad.

Aún no se tienen claras las motivaciones del multi homicida, lo cierto, es que al parecer su ataque fue perfectamente planeado, por ello lo mortífero de los resultados.

Un solo hombre, con la ayuda de una docena de armas de alto poder, pudo cobrar la vida de medio centenar de personas, paradójicamente, fue la encarnación de Rambo, el fascistoide personaje de cine que hace las delicias de los ultra conservadores norteamericanos, lo malo para ellos, es que no atacaba coreanos o islamitas, sino, estadounidenses promedio.

En realidad, a los caídos y sus familiares, poco les importa si Paddock tenía problemas siquiátricos o era un ‘soldado’ del Estado Islámico, las consecuencias son las mismas.

Ahora, si en efecto el francotirador era un integrante del grupo extremista, es presumible que el presidente Trump ordene un bombardeo en alguna de sus zonas de influencia, tal respuesta, arrojará mucho más, pero mucho más de medio centenar de defunciones.

Claro está que la réplica de los radicales del otro lado, será preparar otro evento violento en una iglesia, un concierto o aquí, a la vuelta de la esquina.

La única enseñanza de los acontecimientos radica en confirmar lo ya sabido: el modelo ‘civilizatorio’ en el que vivimos es inviable, se destruye asimismo.

Así pues, contrario a lo que dijera el gran José Alfredo, la vida si vale, sobre todo, mientras siga dejando ganancias estratosféricas a la industria armamentista.

La insoslayable brevedad
Javier Roldán Dávila