Los desaparecidos y la celebración del Día de Muertos

Los desaparecidos y la celebración del Día de Muertos

El grito de los desaparecidos  es un eco que atormenta: aquí estamos, aquí estamos

Las personas desaparecidas representan, en el hecho mismo, la suma de varias tragedias.

En principio, en la enorme mayoría de los casos, se trata de situaciones vinculadas a la violencia criminal y en no pocas ocasiones, a las acciones ilegales del Estado.

En ambos casos, son víctimas de varias circunstancias: su actividad político-social, el ejercicio de su profesión, el interés de apropiarse de sus bienes materiales, la intención de esclavizarlos o traficarlos y el resentimiento del que puedan ser objeto sin saberlo.

En muchas ocasiones, son criminalizados por autoridades y sociedad, para tratar de justificar las cosas: andaban en malos pasos, vestían de manera licenciosa, ‘la debían’ o en su defecto, se encontraban en el lugar y el momento equivocados.

A todo lo anterior, habrá que agregar que en el caso de que estén muertos (como es de suponer), no gozan del sagrado derecho de tener un lugar final de reposo.

Por su parte, los familiares de los desaparecidos, vivirán en una terrible aflicción hasta el día de su muerte, por no saber que ocurrió, a ciencia cierta,  con su ser querido.

Por desgracia, el único consuelo que les queda, es honrarlos a diario al no cesar su búsqueda (siempre con heroicidad) y en estos días, si son creyentes, ofrendarles las viandas de su preferencia, esperando que sus almas vivan un momento de regocijo.

Lo cierto, es que nuestra sociedad no podrá descansar en paz, mientras esta múltiple tragedia no llegue a su fin. Seguiremos anhelando que exista la posibilidad de que, entre otras cosas, se haga justicia, no podemos renunciar a ello.

La insoslayable brevedad

Javier Roldán Dávila