¿Dónde termina el flirteo y dónde comienza el acoso sexual?

¿Dónde termina el flirteo y dónde comienza el acoso sexual?

Un buen inicio: señora, espero que no use esos ‘ojos matadores’ en defensa propia

Impresiona la cantidad de denuncias, que se han hecho sobre supuestos casos de acoso sexual, sobre todo en el ámbito del espectáculo, tanto el hollywoodense como el mexicano.

No todo lo informado es reciente, se han aludido situaciones ocurridas hace años. Que si tal productor le hizo propuestas insanas a fulana de tal, que si el director de cine le manoseó el trasero a un chavo, que si en Televisa hay un catálogo en cual aparecen actrices que ofertan sus favores sexuales. Vamos, hasta George Bush padre ha sido acusado de mano larga.

Un tema que llamó la atención, fue el sucedido en marzo pasado, cuando la joven Tamara de Anda, posteó en su cuenta de Twitter, que había denunciado por acoso verbal a un taxista que en la calle le gritó ¡guapa!, el conductor fue presentado ante un juez cívico, para que respondiera por   la querella, el hombre argumentó que sólo se trató de un piropo.

La duda que nos acosa (jeje), es que si al final del día, las merecidas sanciones impuestas a los abusadores, no redundarán en inhibir, involuntariamente, el sano placer del flirteo.

Claro que condicionar un trabajo a cambio de un acostón, inducir a un menor a cometer actos indeseables o de plano abusar sexualmente de alguien, son delitos graves que se deben castigar con gran severidad.

Sin embargo, retener una mano unos cuantos segundos de más a la hora de saludar, besar una mejilla con mayor ímpetu que el sólo roce o chulear con elegancia a una persona (con toda intención de agradarle, obvio), de pronto se podría trocar en un conflicto legal.

A tal ritmo, si ya no se puede mentar madres en el Coliseo o en el Estadio, si el Circo tiende a desaparecer, llegará el día en que la galante habilidad de lanzar un piropo quede proscrita, por ser considerada una procacidad…deberían hacer un listado de que sí y que no ¡chingao!

La insoslayable brevedad

Javier Roldán Dávila