Meade el espejo de Peña

Meade el espejo de Peña

Me someto al juicio de la historia…por interpósita persona

No cabe duda, que el presidente Peña pasará a la historia, entre otras cosas, por el bullying que ha sufrido a causa de sus constantes dislates. Recordada será la respuesta que dio en la FIL de Guadalajara de 2011, cuando no pudo citar tres libro que hubiese leído.

Sobre el particular, citamos un párrafo de la columna “Estrictamente Personal”, del periodista Raymundo Riva Palacio, escrita en días pasados:

“En la residencia de un empresario a finales de octubre, el presidente Enrique Peña Nieto cenó con un grupo de capitanes de la industria. De lo poco que trascendió, se conoce que el Presidente, sin reclamar a nadie, habló sobre lo que cree dicen de él. Dijo, por ejemplo, colocando sus frases en voces anónimas de empresarios, que podían pensar que no era la persona más culta, la más letrada, o que se equivocaba al hablar. Que sus deficiencias podrían ser grandes ante sus ojos, pero lo que podía asegurarles es que era altamente competente en los temas electorales”.

Sin ser sicoanalistas, podemos interpretar que al mexiquense le pesa en grado sumo, la imagen que de él tienen la mayoría de los mexicanos. El asunto tomas tintes de complejo, cuando afirma de manera tácita: no obstante, les voy a heredar presidente.

José Antonio Meade, es la antítesis de su emergente mentor: tiene una sólida formación académica, es reconocido como un competente tecnócrata, tiene fama de eficiente, hábil en el discurso, buen polemista desde su lógica neoliberal. Además, se dice que es un lector habitual y por sus vínculos familiares, está familiarizado con los temas artísticos y sobre todo, no se sabe que tenga aventuras extra maritales, ni afición por las casas en Las Lomas.

Para el diván: Peña considera que el hombre idóneo para continuar con sus reformas, es alguien que no se parece a él. En realidad, le hubiera gustado ser como su ‘delfín’.

La insoslayable brevedad

Javier Roldán Dávila