Enrique Ochoa, el impresentable apoyo de Meade

Enrique Ochoa, el impresentable apoyo de Meade

Su narcisismo le impedía entender que él era un mal chiste presidencial

En términos de la lógica básica con que funciona la política, resulta imposible entender que hace un personaje como Enrique Ochoa Reza al frente del PRI, si ya el presidente Peña los obligó a postular a un candidato con querencias blanquiazules, lo mínimo que se podía esperar para desagraviar al partidazo, es que un tricolor de abolengo llegara al relevo.

Ochoa habla de compromiso, cuando en su momento, al buscar ser consejero ciudadano del entonces IFE, renegó de su militancia. Se la pasa acusando de corruptos a sus adversarios, cuando él ha sido señalado de lo mismo y no ha demostrado con claridad su acelerado enriquecimiento, que según sus dichos, es resultado de una ‘herencia’.

El lenguaraz dirigente del Revolucionario Institucional, jamás ha participado como candidato en una elección (al igual que Aurelio Nuño y el propio José Antonio Meade), por lo que sus aportes en materia electoral, son de dudosa valía.

Los palos de ciego que da el partido que antaño era un referente mundial de ‘como ganar elecciones’, no son producto de la casualidad, sino, de elevar a rango de mariscal, a los que funcionaban como caja de resonancia de las ‘grandes iniciativas’ del Tlatoani.

Ya se verá si el ciudadano Mid decide tomar el control o sigue sujeto al anclaje presidencial.

La insoslayable brevedad

Javier Roldán Dávila

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