La deuda histórica con las mujeres

La deuda histórica con las mujeres

Aceptarnos diferentes es el punto de partida para comprender que somos iguales

Todo tipo de oprobios que las mujeres sufren por su condición de género, es una estupidez mayúscula, que nos retorna a las etapas más obscuras del pensamiento humano.

Si ganan menos que un hombre desempeñando un puesto similar, si no tienen las mismas oportunidades de desarrollo, si se les inculca ser abnegadas ante la violencia familiar y otras situaciones parecidas, nos demuestra que en términos civilizatorios estamos jodidos.

Este pernicioso fenómeno, es equivalente a la discriminatoria discusión que se dio con la llegada de los españoles, acerca de que si los aborígenes precolombinos tenían alma.

No obstante que los encomenderos aceptaron que si había substancia espiritual, 500 años después los pueblos originarios siguen siendo tratados con la punta del pie. Valió para nada.

En el caso de la igualdad de género pasa lo mismo: los que gobiernan la admiten, adornan las fachadas de los edificios públicos con los colores y/o insignias que aluden a ello, pero en el plano real, no impulsan políticas públicas viables que consoliden los derechos civiles.

En general, las mujeres enfrentan mayores obstáculos para alcanzar sus objetivos de vida, lo que es más grave, aún, es que se les sumen otras categorías de vulnerabilidad, como ser indígenas, niñas en situación de calle, empleadas domésticas, sexoservidoras, etc.

Por desgracia, pasarán muchos años antes de que todo esto se supere y mientras esto ocurra, la democracia sólo será una utopía.

La insoslayable brevedad
Javier Roldán Dávila

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