Los muertos que hagan falta

Los muertos que hagan falta

Dicen que el poder enloquece a los pendejos, pero, cuando ya se es loco y pendejo ¿qué ocurre?

La decisión de la administración de Donald Trump, de trasladar la sede de su embajada en Israel a Jerusalén, ha cobrado la vida, el pasado fin de semana, de más de cincuenta palestinos (obvio), los peores enfrentamientos en la región desde 2014.

La disputa por el estatus de la ciudad de Jerusalén entre palestinos e israelíes, es parte medular del conflicto histórico en la zona, por ello, en un acto de sensatez, la mayoría de las naciones optaron por instalar sus representaciones en Tel-Aviv.

No obstante, el machismo político de Trump, lo llevó a decidir el cambio de la sede diplomática, echando combustible al añejo diferendo, todo por congraciarse con los halcones sionistas.

Suponemos que los asesores del copetudo mandatario le habrán hecho un diagnóstico de lo que ocurriría y ello incluye, un cálculo de las protestas y cuánto costaría sofocarlas.

Así las cosas, confirmamos por enésima ocasión, que la vida humana se convierte en una simple estadística, si de conseguir un objetivo de poder se trata.

Pero eso sí, todo lo hacen en nombre de Dios y de la democracia.

La insoslayable brevedad
Javier Roldán Dávila

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