Tengo la conciencia tranquila

Tengo la conciencia tranquila

Son inocentes aunque se demuestre lo contrario

Si algo de lo que dijo Margarita Zavala en su entrevista de despedida de la candidatura, es una verdad de a kilo, fue cuando se refirió a la ‘quiebra moral’ de la práctica política.

En  los últimos años, con la aún inacabada apertura del sistema, de los medios y el empoderamiento de las redes sociales, se han podido documentar un sinnúmero de tropelías de los hombres del poder, que antes sólo se manejaban como una leyenda urbana.

No obstante lo anterior, ahora que nos encontramos inmersos en los procesos electorales, comprobamos que la cachaza de muchos candidatos, es inaudita, pues a pesar de que les presentan pruebas de algunas de sus felonías (sin incluir sus vaivenes ‘ideológicos’), siempre evaden la responsabilidad y sentencian: tengo la conciencia tranquila.

Desde luego, el aserto va acompañado de un alto grado de teatralidad: posan la palma de la mano a la altura del corazón, ponen gesto adusto y rematan, te lo digo mirándote a los ojos.

Justo esta circunstancia, nos ha llevado a la terrible decisión de votar ‘por el menos peor’, en virtud de que los mejores cuadros de la ciudadanía, no tienen el ‘cuero de perro’, para entrar en contiendas dominadas por la cortedad de miras.

El sistema de partidos está agotado, a pesar de ello, la partidocracia mantiene el control. Así pues, los políticos reformistas (Galeano dixit), sólo acaban alargando el siniestro modelito.

La insoslayable brevedad/Javier Roldán Dávila

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