Ahora en el 2012, se dispone a recetarnos otra vez la dosis. Ante la inminente derrota proclamará nuevamente su versión del fraude y promoverá, por medio de Jesús Zambrano y Alberto Anaya, dirigentes del PRD y PT respectivamente, la posibilidad de un estallido social, el cual sería sofocado con alguna acción que le podría permitir (esperamos que no), mantenerse en los reflectores al declararse, nuevamente, caudillo de la nación.
En pocas palabras, enciende el fuego para después, haciéndola de bombero, apagarlo. Lo lamento por aquellos que le creen, los que piensan que la izquierda no sería nada sin él. En las pasadas elecciones el partido del Sol Azteca se hizo de importantes triunfos, sería muy lamentable que no capitalizaran lo anterior y que lo perdieran, por sostener a un líder mesiánico, fundamentalista y hambreado de poder.
Espero no estar equivocado, con el tiempo lo veremos. Gracias por su atención y hasta la próxima.
