Incitación
Aún no llevabas a mi y ya podía oler tu sutil perfume que hacía de mi alrededor una primavera eterna, que me incitaba a dirigir la vista donde tu.
Tu caminar era tan provocativo que me hacia mirarte con paciencia, no quería perderme ni un sólo detalle de tu andar. Era tan poético, tan artístico, tan incitador.
Cuando te miraba algo en mi interior se sacudía, se encendía sin control, y se que algo similar pasaba contigo, podía ver tus mejillas con ese rojo que tanto te caracterizaba.
Tu cuerpo hacia poesía al moverte, incitaba a apoderarse de el, a querer satisfacerse hasta el hastío, a poseerte hasta la inconciencia y sólo actuar por puro instinto.
Todo en ti era excitante, todo en ti era apto para soñarte desnuda. Se cuanto disfrutabas verme así, loco de pasión por ti, lo notaba en tu respiración, en esas miradas que sólo tu y yo entendíamos, en esas miradas que excitaban nuestros sentidos.
Al sentir la humedad de nuestros labios todo en nosotros cobraba vida por si sólo, tus manos me guiaban a explorarte, eran la brújula para llegar a los lugares indicados.
Debo admitirlo, estaba enamorado de ti, de tu belleza, de tus manos, de tu movimiento, del lugar donde siempre me llevabas al hacer el amor.
No, no quería abandonar el placer que me causabas, no quería abandonar el mundo al que ahora pertenecía, no quería acabar de esta manera, un mortal que bebió de la incitación a pecar.
