Hay amores que se olvidan en un momento de odio,
Que se van a los valles oscuros, a los bosques umbríos,
Para tal vez no regresar, como mariposas con sus alas estremecidas.
Hay amores que esperan toda la noche
De esos que suspiran en la distancia,
De esos que sueñan de día y que viven de noche.
Amores marcados por besos profundos, intensos, pasionales.
Que acaban en el desierto, que acaban en un mundo vacío,
Sin cielo, sin nada.
Amor, ¿Entonces qué es el amor? Sospecho, amada mía, que,
Es lo más hermoso que podemos tener,
Pero también lo más intenso a lo que podemos aspirar,
Que es como la alegría misma,
Como un espejismo de la euforia del momento,
Como un huracán; violento, poderoso, impaciente, excitante.
¡Oh, mi amor! Te he besado tantas veces que he comprendido
Que siempre he estado en el lugar correcto.
¡Oh, mi amor! Después de todo, me encanta tomarte de la mano,
Sostenerte el alma y abandonarte en mi corazón.
Hay amores, mi amor, que como el tuyo y el mío
Viven en un día soleado y mueren con la fría noche.
Hay amores que viajan por carretera, Que recorren su propio camino,
Que buscan y no desisten, Que vencen y transforman.
Esa clase de amor tan natural, Como el rocío de la mañana
Y tan pasional y ardiente, Como la hoguera de una cabaña.
El amor, mi amor, es tan invisible y al mismo tiempo tan visible,
Que a veces parece que obedece a otro tipo de leyes, las divinas.
Pero esa clase de amor, solo está reservado para aquellos
Que han decidido dejar al ser humano atrás.
Porque el ser humano, encarcela, engaña y vacía los corazones.
Pero mi amor, hay amores con luz, con fe, que multiplican,
El tuyo y el mío, amor, es una bendición, y a tu lado,
Ningún día es igual al otro.
Sobre el Autor:
Adrián Celis
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