Usted disculpe

Seis años de desastre después, la ocurrencia popular sustituyó ese lema –y dados, por supuesto, los elementos suficientes para suponer (y después asegurar), el enriquecimiento ilícito e inexplicable del presidente y muchos de sus amigos–, lo cambió por uno mucho más apegado a una realidad que no nos abandona por más que pasen generaciones y gobiernos de diferentes partidos: “La Corrupción Somos Todos”.

No recordaba, hasta el viernes pasado, una muestra tan desmedida de cinismo de un presidente que aquella de López Portillo cuando, llorando, le pidió perdón “a los desposeídos y marginados”.

El pasado viernes, (en lo que personalmente podría calificar de una mala y desesperada estrategia de comunicación de sus asesores –otra vez–), el presidente nos pide nuevamente que lo perdonemos, esta vez “por hacer cosas buenas que parecen malas”. Pedir perdón no cambia lo que pasó y no impide que vuelva a suceder de nuevo, así que no. Ni Usted, ni todos los que deben una explicación seria sobre sus actos como servidores públicos, podrán contar conmigo o suponer siquiera que les voy a tener confianza. Le explico para ver si me puede entender:

El mexicano ha sido un Estado unitario de nacimiento. Sin importar las guerras que aparentemente han cambiado el contrato social, el Estado mexicano se ha mantenido en torno a un jefe de Estado y hoy, con el penoso asunto del viernes ha quedado más que evidente.

El Estado unitario es corruptor de nacimiento –decía el sociólogo boricua Eugenio María de Hostos–, todo Estado unitario, en cualquier tiempo, espacio y forma de gobierno, es siempre personal: el Estado es el jefe del Estado. Y como absorbe la iniciativa de Estados y municipios de la federación, sustituye con la ley de su voluntad (o del dinero), la autonomía de esas formas de gobierno: de ahí la desorganización que deviene en corrupción.

En México, además, nos damos cuenta que la esperanza de acabar con esto no descansa en las nuevas generaciones. Doce años del PAN en el gobierno federal son una muestra de que aunque haya jóvenes en el gabinete o en la estructura de la oficina presidencial, la corrupción lejos de disminuir es mayor y quienes quieren hacerse ricos de la noche a la mañana tienen cada vez más voracidad.

En adición a esa calamidad, también sabemos que la corrupción no es hija de una ideología definida. Parece que la parimos entre todos. La “izquierda” mexicana también es un ejemplo que se ha hecho cada vez más visible en los Estados que gobierna, empezando por la capital del país.

Lo que hizo Marcelo Ebrard con la Línea 12 del Metro y el enterramiento que el PAN ha querido hacer del caso Oceanografía, no son más graves que la opacidad con la que se manejó la construcción del segundo piso del periférico capitalino en el gobierno de López Obrador o las “mordidas” que tenían que dar algunos presidentes municipales del PAN a algunos senadores de su mismo partido para que liberaran el presupuesto para obras en sus municipios.

Tampoco son hechos más graves a los que nos tiene acostumbrados el PRI a través de sus líderes sindicales como Romero Deschamps o sus ex gobernadores como Montiel, Moreira y Marín o los ex presidentes que han salido de ese partido quienes, lo menos, tendrían que explicar una riqueza inexplicable.

El eje es el mismo. Desvío de recursos o influencias con un par de propósitos claros: empoderamiento económico y empoderamiento político (“político pobre es un pobre político”, recetaba nocivamente Hank González).

En México lo legal se ha construido con los cimientos que entre todas las fuerzas políticas han puesto para que el edificio no les caiga encima de sus intereses. Por eso confiar no es un verbo viable.

Los partidos políticos en nuestro país (todos, viejos y emergentes), son ramas del mismo árbol y se nutren del mismo abono. Por eso dan los frutos que dan.

Como sociedad hemos permitido que la mierda nos desborde y no veo muchas manos que quieran jalarle a la cadena. El viernes nos lo confirmaron.

Así de escatológico.
Nos leemos la próxima semana.

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Manuel Moreno. @ManuelMR Periodista, comunicólogo, conferencista. Escribe la columna "Didascalia" para la versión impresa de Merca2.0 memorabilia-mmoreno.blogspot.mx