¿Qué has aprendido en la escuela hoy?

Este es el motivo por el que mi concepto de escuela ha cambiado.

La cita de arriba captura la enormidad de los salones de aprendizaje de lo que ahora creo que es mi campus. Cuando estoy en el trabajo o teniendo una conversación casual durante el almuerzo, hablo de esa escuela. Estoy abierto a la iluminación, a que se me corrija y a que se me eduque.

Para ser honesto, esto no pasa sin una gran dosis de generosidad. Esta es una de las lecciones maestras que me son enseñadas repetidamente mientras observo a mis queridos amigos y a los extraños a mi alrededor. Mientras que hay mucho en el mundo que sugiere que estar sumergidos en nuestra propia vida es lo que importa, lo que es realmente un compromiso, es hacerlo por los demás; querer enriquecer y apoyar a la gente de nuestro alrededor es lo que engrandece y enriquece nuestra propia vida. Creo que una medida bastante confiable de cómo estoy progresando en esta escuela “preparatoria”, es el grado en el que valoro a los demás.

Fue durante mis días en la Escuela Dominical cuando se me enseñó lo que hay en la raíz de apreciar ese valor. Mientras mis profesores hablaban del amor puro de Dios para todos (y mientras probablemente ponía los ojos en blanco mientras hablaban de ello), algo de ese mensaje espiritual me traspasó y se pegó a mí. Estoy inspirándome y educándome a mí mismo cuando pienso en que los demás merecen el mismo amor.

No veo esto como una forma romántica de relacionarse con el resto del mundo, manteniendo a distancia los temas complejos contra los que los gobiernos locales e internacionales luchan día tras día. Veo esto como ser capaz de respetar y aprender totalmente de las percepciones intelectuales, políticas, culturales y espirituales que la gente buena de todo el mundo aplica a estos temas. Recuerdo algo más que aprendí en la Escuela Dominical: la real y necesaria semejanza de la creación con su Creador que a todo lo ama. Esta bondad heredada por cada uno de nosotros es lo que nos inspira a aprender de los demás a y a preocuparnos por los demás. Es lo que nos mantiene unidos para encontrar soluciones para problemas comunes. Esto nos anima a buscar la bondad en nuestro compañero incluso cuando sus (o nuestras) acciones distan de ser buenas, y cuando el enfado o la desesperación, o simplemente querer tirar la toalla, tratan de separarnos.

Como todo lo que aprendemos en la escuela: cuando ponemos las lecciones en práctica, las hacemos propias. Tengo que recordarme esto a menudo. Seguir practicando el ver a otro con los mismos ojos de valor y preocupación y misericordia que querría que usaran cuando me ven. Seguir escuchando. Resistir a la ceguera del egoísmo. Sobre todo, persistir.

Cada clase incluye muchos estudiantes intermedios, una dispersión de mentes brillantes y muchos aprendices lentos. Muy a menudo me veo como uno de los últimos. Pero estoy agradecido de que a los ojos de Dios todos seamos como luces brillantes. Y esta puede ser una de las mayores lecciones que vamos a aprender en clase hoy.

Russ Gerber es maestro de la Ciencia Cristiana.  Se interesa mucho por el tema del cuidado de la salud y tiene un blog en Huffington Post. Twitter @RussGerber
Artículo publicado originalmente en Psychology Today, @PsychToday