Un santo
Frente a mí, el santo que en versión de este lado de México, robó a los ricos para ayudar a los pobres, un Robin Hood justiciero o el infortunio de la desigualdad. No sé. Dicen que es el santo de los narcotraficantes y aquí el respeto no se implora, exhala. En esta latitud se descubre que la metralla existe. Como cruzados en algo más que el negocio, Malverde, el santo, me descubre en su territorio. Marchándome, distingo enfrente de la capilla la sede del poder constitucional estatal. Uno se queda intercalando poderes y labrando realidades que se trazan en lo místico, sin importar que el zoom del observador tenga en la mira a cada parroquiano, venga de donde venga y piense lo que piense.
Juan-Pablo Calderón Patiño
Culiacán, Sinaloa.
