Veracruz, desgracia de una crisis política

La gobernabilidad democrática en una república federal, no es de tinta o de discurso desde la cúspide del orden federal de gobierno. Es la articulación, comunicación, expresión y cauce de los tres ordenes de gobierno con la ciudadanía. Su contenido más acabado en ley, se encuentra en la Carta Magna, que regula las relaciones entre gobernados y gobernantes y entre los diversos cuerpos políticos y legales que hacen al Estado mexicano.

En un México con 32 entidades federativas (un ex D.F. que huele a ocurrencia por la pelea de recursos y no como suceso refundacional jurídico), es obvio que la gobernabilidad responsable en un régimen democrático, al menos en lo legal, exige una responsabilidad cotidiana para hacerla realidad y no abstracción de la demagogia o rompimientos sociales, que exhiben que la política fracasó. Veracruz, tiene una asignación pendiente con la República y con el tejido democrático que pretende abonar en el plano nacional.

El conjunto de crisis estatales en los cuatro puntos cardinales, si se suman, pueden dar al traste aún más, el valor de la confianza en la democracia nacional. Tan sólo ver que las disputas territoriales con el narco y/o mafias están al rojo vivo en Chihuahua, Tamaulipas, Morelos, Guerrero o Michoacán, es decir, todos los puntos cardinales. Veracruz, desliza en el tobogán de una crisis que va más allá de lo político y cuyo tejido cancerígeno invade a una parte de la sociedad y sus diversos colectivos.

La vocación por el poder y de manera especial, desde un ángulo nacional, era un referente del PRI. Era, tiempo pasado, hoy es mito. El cálculo que rebasa lo periodístico, como sentencian varias columnas de la prensa de la Ciudad de México, es que Javier Duarte es insostenible en el poder, esperar 8 meses es peor que un infierno cuyas llamas invaden praderas mas allá de tierras veracruzanas. ¿Apenas se da cuenta SEGOB y el equipo cercano al Presidente de la República de que Veracruz, al ser el tercer padrón electoral de México, es la joya de la corona de las 12 elecciones a desarrollarse en verano? ¿Por qué permitir una gubernatura corta cuando es imposible hacer grandes transformaciones, salvo la de tratar de reordenar la casa en lo administrativo y en lo referente a seguridad? ¿Dónde esta la responsabilidad del anterior Presidente del PRI, el hoy coordinador parlamentario del tricolor en la Cámara de Diputados, César Camacho Quiroz, que “dejó” que Javier Duarte antepusiera los intereses de facción, sobre los de su partido con el falso cobijo de la soberanía estatal de Veracruz? Por cierto, dicho personero del Grupo del Estado Mexicano, tiene en sus manos los instrumentos legaloides para tratar de impedir el juicio político en la Cámara de Diputados contra Duarte. Dará largas hasta que pase la elección. Es normal para consentir la impunidad, tal como el Congreso local hizo para impedir el juicio político. A la suerte de cómplices, más desmoronan al PRI a favor de sus secuestradores… Después de todo, ser uno de los afluentes de dinero a la campaña del hoy Presidente de la República, fue interpretado como un sello de impunidad para el futuro. Si lo fue con Moreira ¿por qué no hacerlo con el segundo proveedor de recursos que desfilaban en maletas? Y los que critican a Duarte, saben que tienen las manos detenidas porque en el fondo han tenido prebendas del peor matrimonio entre negocios y licitaciones.

La crisis veracruzana ilustra un elemento que priva en el debilitamiento del titular del Ejecutivo, federal o estatal, que trata de quienes lo acompaña en el tarea de gobernar. El gobernador Duarte, como muchos de sus homólogos, han elegido gabinetes con hombres que en nada ayudan en abonar en confianza y capacidad para resolver problemas (tampoco con identidad ideológica partidaria, como el ejemplo del oscurantismo castigando el aborto o el desfile de políticos del PRI con el alto clero). Incluso, más allá de la lealtad partidista, ¿la propia militancia habría estado tranquila antes de la elección con nombramientos como el titular de SEDECOP o el primer secretario de Gobierno, pertenecientes al ala mas conservadora del PAN, partido que se supone está en las antípodas del PRI, al menos en programa político y principios? Dichos nombramientos no estaban afianzados en una “coalición programática de gobierno”, sólo amarrados por el amiguismo y otro tanto por la presión de cacicazgos locales sin militancias de partido, meros intereses que rayan en una nueva edición del feudalismo o de una plutocracia que busca garantizar el “capitalismo entre cuates”. El sustento en jefes de clanes, como Othón Porres o Domingo Muguira, que respaldan candidaturas para afianzar sus intereses, es uno de los retrocesos más grandes de la vida política veracruzana. ¿A cambio de que? El caciquismo vuelve a arrastrar lo avanzado en institucionalidad y es tan cancerígeno como la lucha territorial que el Estado le disputada al narcotráfico y a bandas sanguinarias.

En plena crisis, Veracruz esta entrampado en ¿qué hacer con un gobernador que ni resuelve nada ni es un bono de confianza, no sólo para su partido, sino para la elemental tarea gubernamental?. “Un gobernador de este tipo, no duraría ni un año en tiempos del salinismo o incluso del zedillismo”, se escucha desde el centro del país. “Si lo quitan, tendrían que quitar a casi todos los demás gobernadores” o “la suerte de complicidades mutuas, que es dinero, lo encubrirán al final”. Así rezan las sentencias desde el propio corredor priista o de actores políticos en diversos escenarios. El papel del genuino federalismo no se puede montar ni en injerencias arbitrarias del centro, pero tampoco con impunidades que laceran la gobernabilidad y la rendición de cuentas.

Veracruz, está en una crisis que no se limita a la arena electoral. Gane quien gane, tendrá que afrontar una agenda de emergencia. Por tal motivo, escuchar propuestas de campaña en la ligereza como anunciar grandes obras de infraestructura o un nuevo mañana en zonas desposeídas, es una irresponsabilidad política. La deuda que se tiene con diversas empresas, es más que un problema y una mala señal para posibles inversionistas. No se puede seguir administrando los problemas, sino revisar la estructura económica frente a lo inmediato, pero también ver el bosque que es la globalización, en temas como la crisis petrolera o el dilema cañero,  que demandan más que imaginación para crear nuevas formas de riqueza alternas.

Por el otro lado, quien juega a redentor entre su propia trayectoria de lodo, es Miguel Ángel Yunes Linares, que ante una guardia muy baja del panismo, lo secuestró y ha sembrado a los suyos en diversos puestos. El fracaso del PRD como opción política, incapaz de forjar cuadros y liderazgos políticos naturales, va de patiño con el partido de la derecha que sabe que ganar Veracruz, es un buen comienzo para recuperar la presidencia en el 2018.

La izquierda radical encabezada por MORENA, busca ser el gran redentor con un desconocido que habla de su “pureza” como signo de confianza. Como ganancia de una tómbola, el ganador de una diputación federal, claro, de la capital política veracruzana, cree merecer el Gobierno estatal. Sin la suerte de un “independiente serio”. ni el PRI, ni la alianza azul con lo que queda del partido del sol azteca, ni el partido del caudillo tabasqueño, presentan una opción política de regeneración para los veracruzanos. Es el mayor riesgo y la peor miopía, que una vez más da muestra de la pequeñez de alturas y además de responsabilidad con la democracia, la que resuelve los “cómos” y no la urna electoral. El que hable de una democracia que ve periodistas asesinados, corruptos en curul, jubilados golpeados o estudiantes perseguidos, no puede ser un animal político, sino un cómplice del totalitarismo.

Leonardo Sciascia, uno de los mayores escritores de la segunda mitad del siglo XX italiano, combinó el ejercicio de las letras con el de un activo parlamentario, y logró interpretar a las mafias italianas “no como un hecho subversivo del orden establecido, sino como un sistema paralelo y espectacular respecto del Estado y sus leyes”. En Veracruz, no le quedaría claro que las mafias estuvieran de forma paralela, sino que están incrustadas en las propias estructuras orgánicas del estado y con tristeza, en varios puntos de la sociedad, por fortuna son los menos. Bajo la falacia de que se construye gobernabilidad, no existe razón para decaer y en un esfuerzo colectivo de millones, demostrar que el escalón de gobernabilidad democrática en Veracruz puede ser realidad para contribuir al tejido nacional, del que veracruzanos eminentes contribuyeron en otras décadas y en otros espacios históricos refundacionales.

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