Veracruz, aquel país

Su historia incomparable, única en el país, con mucho perfiló al México presente: es cuna de culturas e instituciones civiles irrepetibles, la olmeca y totonaca, del primer ayuntamiento de América, cuna del Registro Civil, sitio de llegada de miles de refugiados y migrantes siempre bienvenidos y también de ejércitos invasores.

En la métrica sexenal, dieciocho años atrás era un país de gran humanismo, rico, de alta productividad. Tenía una gran industria azucarera, las mayores cuotas y calidad de café, primera entidad frutícola, agricultura con grandes excedentes. Una ganadería solo superada por el norte, pesca extraordinaria.
Adentrado en mayor complejidad tecnológica, tenía acerías, industria petrolera primaria, petroquímica, agroquímica, cervecera, turística, portuaria con tres terminales internacionales y el mayor astillero de construcción y reparación naval de Latinoamérica. ¡Casi nada!

Quise destacar al final su riqueza humana, su alto perfil cultural, su ya desde entonces acreditada Universidad Veracruzana, la histórica Escuela Normal Veracruzana, la Orquesta Sinfónica de Xalapa, su música y bailes pegajosos, estupenda gastronomía, sus arraigadas nostalgias en esa cuna de miles de ilustres veracruzanos que fue la escuela Enrique C. Rébsamen y un encendido orgullo, una pasión por ser, por decirse, por sentirse veracruzano. Con gran tino una calle de su capital  fue nombrada “Jalapeños Ilustres” tuvieron que globalizar porque ¡han sido tantos!

Esa luz proyectada por siglos se extinguió en tres sexenios nefastos. El sexenio del abandono, de la indolencia, el de Miguel Alemán; el de la fanfarronería y escuela de corrupción Fidel Herrera y el actual que…simplemente no tiene nombre. Casi veinte años que han resultado en un derrumbe constante e integral.

Lo más amargó del drama es que la esperanzadora renovación generacional, en este caso la política, resultó un fraude más. No fueron los viejos los que produjeron el derrumbe ni fueron los ladrones, fueron los jóvenes que ayer eran promesa. Son una gavilla creación de Fidel Herrera y Javier Duarte. Son su aportación al futuro de su tierra.

Estos veinte años de fatalidad en que campeó la ineficiencia y la corrupción, vieron disolverse  al orgullo  tradicional trayendo una vida de desencanto. Estos veinte años convirtieron en práctica común que todo se comprara y todo se vendiera, que los méritos se ignoraran, los pecados se absolvieran con dinero y que el compromiso con la dignidad se volviera un torpe romanticismo. El resultado fue que el nombre del estado está en la picota de la vergüenza, salpicando al país de ese oprobio ante sus propios juicios y ante el de la comunidad internacional que es tremendo.

Al candidato ganador se le deben olvidar sus furias de campaña, que eran simplemente para ganar, ahora necesita en primer lugar una gran serenidad para considerar como el principal valor a rescatar a la dignidad y lo ético de la vida pública, la reconstrucción de la cohesión social, el regreso a una vida comunitaria comprometida con ella misma, productiva y alegre como fue siempre.

El segundo lugar pero no postergado sino simultaneo, es la reparación de la justicia y la seguridad. Una comunidad sin  tribunales eficaces, probos y accesibles y sin un sistema de seguridad confiables, sencillamente nunca será un país. Sin justicia la sociedad regresa a  los tiempos primitivos de la perturbación. Súmese a eso el reto de ordenar las finanzas públicas. El estado tiene una deuda de 45 mil millones, es el tercer estado más endeudado. Otras fuente shablan que la deida rebasa los 100 mil millones.

Veracruz hoy no está respaldado por su pasado de cultura y riqueza. La que hubo con mucho se secó y no existió capacidad de sustituirla e ir a fórmulas novedosas de desarrollo. Al candidato ganador se le demanda un ejercicio de gobierno con talento, carisma, conocimiento y experiencia. Solo con esas características habría esperanza. Solo de esta manera habría un pronóstico tranquilizador. A ese trabajo titánico habrá de enfrentarse el gobernador entrante. Todo en teóricos  dos años de su gobierno pues los meses de la alborotadora precampaña presidencial y locales 2018 empezarán pronto. Miguel Ángel Yunez, acreditado gladiador no tiene ni el perfil ni la vocación que se ha descrito.

En Veracruz no hay resignación como no la hubo ante tantos embates que por siglos ha sufrido el estado: Conquista, independencia, el terrible siglo XIX con sus múltiples invasiones y huelga detonadora de luchas sociales. La revolución y sus gobiernos hicieron del estado campo de choque, unas veces ideológico, otras con luchas aciagas: En este entorno de conflicto siempre surgió un hombre, el requerido. Entonces ¿Veracruz está ya ante su redentor de hoy y su programa?


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