
No le digas al mar
que en el crepúsculo tu rostro aparece en las nubes
y camino sobre arenas movedizas
sin que los días logren borrar tu nombre.
No le digas al mar
que los cangrejos recorren
la playa en busca de refugio.
No le digas al mar
que las olas brincan esquivando
a los intrusos que la invaden
y tras la tarde
aumentan su tamaño.
No le digas al mar que las estrellas
fulguran silenciosas e iluminan
la noche en que no te encuentro.
No le digas al mar que los barcos
se extravían en el horizonte lejano y rojizo.
No le cuentes al mar de los secretos
que resguardan las conchas y los caracoles.
