¿Qué es la vida? un frenesí.
¿Qué es la vida? una ilusión, una sombra, una ficción;
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
Calderón de la Barca
Mi ciudad ha padecido en los últimos años de ausencia de liderazgo municipal. Los xalapeños no hemos tenido un alcalde que verdaderamente dirija esta ciudad como es debido. Por momentos, incluso, de no ser porque el gobernador en turno ha tomado decisiones importantes es que esta ciudad ha caminado, si no quién sabe qué hubiéramos hecho.
Pero eso, yo creo, nos pasa por confiadotes que somos, por ilusos, y por vivir en la capital del Estado, hay que admitirlo, porque siendo ésta la ciudad sede del poder estatal es casi imposible que el jefazo mayor no meta su cuchara y “designe” a su preferido para gobernar la ciudad en donde vivirá seis años. Aunque desde el sexenio de Don Miguelito, él y los que estuvieron antes, al menos tres, bien que se aguataron las ganas de ayudar a los alcaldes que estuvieron, y que nomás vieron pasar los recursos hacia el Puerto y Boca del Río. Pero bueno, volvamos a lo de lo ilusos que somos y que es el tema de hoy.
En los dos últimos trienios, incluyendo el que ahora padece… perdón, vivimos, parte de la culpa es nuestra por elegir, voto por delante, a alguien que prometió mucho y nomás a la hora de la hora no cumplió con nuestras expectativas ciudadanas. De Velasco Chedraui no podríamos decir que hubiera habido alguien que diera dos pesos por su desempeño, y de no haber sido por la manía controladora de su padrino político —el único que creyó que podría ser alcalde—, Xalapa hubiera transitado tres años sin cabeza. A pesar de eso y de los antecedentes que dejaba el joven y grisáceo político, volvimos a ilusionarnos tontamente y el resultado de nuestros sueños guajiros es hoy palpable en casi todos los ámbitos de la ciudad. Y no digo que quien ahora dirige el Ayuntamiento no trabaje, sino que toda esa energía que demuestra, y que a ratos parece inagotable, está mal encauzada, o dirigida a actividades que no benefician en nada a la ciudad. Por otra parte debemos mencionar el hecho de que en las materias en las que la figura del alcalde de la ciudad pudiera servir, por el cambio en los parámetros administrativos, como un gestor puntilloso —vialidad y seguridad—, quien gobierna al municipio ha decidido tomar un papel más bien de cómodo espectador.
Yo por eso digo, de cara a los procesos electorales que se avecinan el año que entra, que no nos hagamos muchas ilusiones con quien vaya a ser nuestro próximo alcalde, o alcaldesa; que no creemos al respecto tantas expectativas y que pequemos de cautos al momento de emitir nuestro voto. Ya no nos dejemos llevar por una personalidad de abolengo o por un apellido pomadoso, mucho menos por una popularidad mediática exacerbada.
Mantengamos una actitud flemática con quien venga a prometernos el oro y el moro y no nos vayamos con la finta de que todo el monte es orégano.
¿Por qué recomiendo tanta apatía e impasividad? Fácil, porque acostumbrados como ya nos tienen al fracaso y a la incompetencia, en una de esas del que menos esperemos algo nos sale bueno pa la gobernada y la administración y nos llevamos una grata sorpresa. Si sale igual de ñango y mal hecho pues ya cuando menos no nos rompió nuestro corazoncito; como quien dice, si no esperamos mucho de él, o ella, lo poco que haga bien ya será ganancia.
Y tomen en cuenta los graves problemas de la ciudad, nomás pa que no los engañen con la promesa esa de siempre: “Pugnaré por el saneamiento de Los Lagos…” Hoy por hoy cosas como la movilidad urbana, el agua, la basura, la seguridad y el desarrollo sustentable, revisten de una importancia vital. Reflexionemos en ello, mientras esperamos atorados en el caótico transitar de nuestras siempre atestadas calles de Xalapa.
Alejandro Hernández y Hernández
Comentarios, sugerencias o reclamos: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
