Mi ciudad es una metrópoli pujante, porque se puja para subir por sus empinadas calles, en los camiones atestados de pasajeros, cuando uno conduce su auto y no puede pasar por el tráfico, o porque alguien cerró una calle para protestar por cosas de suma importancia: porque un gato se subió a un árbol y no se puede bajar, por ejemplo; ah y también porque en muchas partes se están abriendo supermercados y plazas comerciales. Lo único malo de toda esa pujanza comercial es que los empresarios abren sus negocios, pero le dejan toda la responsabilidad de hacer los accesos para llegar a ellos al Municipio.
En algunos, como en el caso de Plaza Ánimas, por no perder ni un pedazo de terreno se ha tenido que utilizar parte de la carretera como acceso. Si usted viene de sur a norte se dará cuenta que para entrar a ese centro comercial se tiene que ocupar lo que era el acotamiento de la autopista y que el estacionamiento, aunque tiene lugar suficiente para hacer un carril, que permita a los autos que van a entrar ahí orillarse y bajar la velocidad, continúa intacto. Para salir de la plaza la cosa no es menos peligrosa, pues hay que aventarse a la buena de Dios porque la carretera ahí tiene una pequeña pendiente y una curva, que no permiten a los vehículos que vienen entrando a Xalapa frenar adecuadamente. Para entrar viniendo de norte a sur la situación, si bien no es tan peligrosa sí es muy complicada, porque hay que tomar el acceso que se usa para ir al fraccionamiento Ánimas, lo cual crea una filas enormes de autos, tanto de los que van a la plaza, a los otros centros comerciales que están cerca y al propio fraccionamiento.
En Plaza Américas también pasa lo mismo, pues el acceso que lleva a la plaza es el mismo que usan dos agencias automotrices y al menos cuatro fraccionamientos residenciales, además de que para entrar hay que utilizar, aquí también, el que fue el acotamiento de la autopista. Y aunque para entrar viniendo del sur hay un puente, éste está mal diseñado porque inicia en plena autopista por el carril de la izquierda, o sea el de alta velocidad, y no por el carril derecha pasando por encima de la carretera como debería de ser.
Que se hagan inversiones en la ciudad es importante, dicen nuestros gobernantes, pero eso no debe ser pretexto para saturar las calles y complicar la vida de muchas personas. En casi todos los lugares en donde se han construido plazas la gente llegó primero que esos centros comerciales, por lo que obligarlos a vivir con ese tipo de complicaciones parece un efecto secundario muy difícil de sobrellevar, y muy caro de pagar para todos los contribuyentes —o sea: ustedes, queridos lectores, y yo—.
El tránsito vial es tan complicado en esta ciudad que uno de los puntos en la (¿Ya la aprobaron nuestros diputados o todavía andan muy ocupados en la grilla electoral, alguien sabe?) nueva Ley de Desarrollo Urbano debería de ser que, si alguien quiere abrir una plaza comercial o supermercado, tendrá que garantizar los accesos adecuados sin que para ellos se utilicen ni la infraestructura urbana ni los recursos del erario; digo yo: si los que van a hacer negocio son ellos no nosotros, que paguen su propia infraestructura. O ustedes qué opinan queridos lectores.
Alejandro Hernández y Hernández
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