
La llegada al llamado Planeta Rojo del explorador Curiosity en agosto pasado, permitirá la búsqueda de moléculas orgánicas
CIUDAD DE MÉXICO, 9 de octubre (Quadratín México).- Por fin, después de muchos miles de años desde que el hombre comenzó a observar la bóveda celeste e intentó descifrar sus misterios, podrá saber si hay o hubo alguna forma de vida en Marte.
Y es que la llegada al llamado Planeta Rojo del explorador Curiosity en agosto pasado, permitirá la búsqueda de moléculas orgánicas que lo comprueben, además de que describirá el clima, determinará su geología y examinará si hay condiciones propicias para la exploración humana.
Por lo pronto, una voz cruzó una porción del espacio sideral y se convirtió en el primer sonido humano que es trasmitido desde otro planeta hacia la Tierra, luego de que el robot Curiosity transmitiera un mensaje del director de la NASA, Charles Bolden, a través de los satélites MRO y Mars Oddisey.
Pero en un futuro no muy lejano los terrícolas podrían estar colonizando Marte, pues la empresa holandesa ‘Marte Uno’ se propone enviar personas a ese planeta a partir del año 2023, de acuerdo con el proyecto concebido por el ingeniero en mecánica Bas Lansdorp, de 35 años, quien para tal efecto fundó dicha compañía.
Este plan pretende comenzar la selección de los primeros exploradores en 2013; serán cuatro las personas que harán un viaje de siete meses a su destino y cada dos años se irá incorporando un nuevo equipo a la colonia; después serán construidas las primeras viviendas para los habitantes, que permanecerán allí por un tiempo determinado.
Lansdorp y su socio Arno A. Wielders piensan que para 2033 la población terrícola en Marte sea de más de 20 seres, los cuales se ocuparán, sobre todo, de labores científicas, particularmente exploraciones geológicas. Todos ellos vivirán y trabajarán en módulos autónomos, construidos especialmente para la “expedición marciana”.
De ser así, estaríamos a décadas de que se hiciera realidad lo que anticipó el recientemente fallecido Ray Bradbury en sus ‘Crónicas Marcianas’, un clásico de la ciencia ficción que data de 1950.
Esa colección de 25 relatos, situados en el entonces lejano futuro que comenzaría en 1999 y llegaría hasta finales de 2026, Bradbury narra la colonización de Marte por parte de una humanidad que abandona la Tierra en sucesivas oleadas de cohetes plateados, con la idea de reproducir en ese planeta un “american way of life”; una civilización individualista e insaciable.
Sin embargo, esa emigración también llevará en su equipaje enfermedades que diezmarán a la población marciana, que además deberá proteger su cultura planetaria, misteriosa y fascinante ante la rapacidad de los terrícolas, quienes finalmente logran el exterminio de los nativos.
En sus ‘Crónicas Marcianas’, Bradbury se sumerge en los misterios de la mente humana para explorar sus tendencias destructivas y poco pacíficas, logrando un fresco intemporal sobre la naturaleza humana y su modo de ser.
Esta “expedición marciana” podría además invertir el escenario presentado por el escritor H. G. Wells en su novela ‘La guerra de los mundos’, que se publicó en 1898 en Londres (246 páginas, dividida en dos libros, uno de 17 capítulos y otro de nueve), en la cual narra la brutal conquista de la Tierra por parte de los marcianos, quienes al final son derrotados abruptamente por las bacterias terrestres, para las que no tienen inmunidad.
Entonces, esos seres que Wells concibió como voluminosas criaturas similares a pulpos gigantes serían los que, presas del pánico, comenzarían a abandonar sus hogares en busca de refugio para salvarse de la invasión terrícola, como sucedió con la población de Estados Unidos la noche del domingo 30 de octubre de 1938 cuando se transmitió una versión radiofónica de ‘La guerra de los mundos’, adaptada por el actor Orson Welles.
El programa causó una ola de terror porque millones de radioyentes creyeron que se trataba de una conquista marciana real; los caminos estaban atestados de automóviles que corrían hacia las colinas y familias enteras salieron de sus casas con toallas mojadas alrededor de sus cabezas, en la creencia de que eso les salvaría de los nauseabundos gases espaciales emanados de las naves marcianas de los que se había hablado en la emisión radiofónica. El mobiliario y los objetos valiosos habían sido apilados en camiones y coches. había comenzado la estampida. El pánico se había expandido a todas partes de la Unión Americana.
O tal vez los marcianos, si es que existen, tomarían la invasión humana a broma y cantarían. “los terrícolas llegaron ya. y llegaron bailando chachachá. chachachá, chachachá. que así llaman en la Tierra al ricachá.”
Quién sabe si esa colonización extraplanetaria la verán nuestros ojos.
