
Daniel Fragoso Torres*
CIUDAD DE MÉXICO, 28 de marzo (Al Momento Noticias).- La gran mayoría de los que fuimos al primer Vive Latino somos unos chavorucos. Rockeros de clóset que de lunes a viernes asistimos a oficinas de muebles lúgubres. Somos la clase obrero-trabajadora Godínez que durante los siguientes 20 años estaremos intentando escalar en el aparato productivo de México. Pero eso no lo sabíamos hace 16 años. Inclusive, hace 14, en el segundo festival (recuérdese que en 1999 no se realizó), fuimos los que movidos por nuestro instinto asesino levantábamos la alfombra para cubrirnos de la lluvia. Los mismos chacales que bajamos del escenario a Juan Perro porque queríamos ver al Tri de México.
Somos aquellos que iniciamos nuestro periplo en el arte de las descargas ilegales de internet atascando nuestras compus lentium con canciones del planeta Napster. Los que un par de años antes habíamos adquirido los primeros discos de Korn en el Chopo.
Quienes nos deprimimos por la muerte de Kurt Cobain cuando en MTV News anunciaron su suicidio. Los que nos enteramos, en aquellos primeros conciertos masivos, que otra forma de observar el rock era posible.
Somos quienes hoy abarrotamos el Foro Sol adquiriendo como posesos los boletos desde seis meses antes para poder ver a las glorias de nuestra generación ahora cuarentonas y millonarias. Quienes alimentamos la escena musical y la llevamos al mainstream.
Muchos de nosotros habíamos decidido no regresar nunca a un Vive Latino porque lo veíamos demasiado pinche. Y después, nos tragamos nuestras palabras cuando, llorando, “hinchados en alcohol”, escuchamos a Café Tacvba, Caifanes, Chemical Brothers y a Blur, siendo la “célula que explota”.
Somos unos ingratos. Después de tanto tiempo, sin el compromiso debido, criticamos una y otra vez la organización del 0506Latievento, que en efecto, se ha transformado abismalmente; sólo que no podemos darnos cuenta de ello pues estamos demasiado ocupados comparando al festival con Coachella, Glastonbury, el Primavera Sound o incluso, el Corona Capital.
Somos los que señalamos la pérdida de identidad latinoamericana y el poco apoyo a la escena underground, desde nuestra “incomodidad” ebria de disfrutar a las bandas internacionales.
Somos quienes nos contradecimos año tras año, argumentando que hemos visto a toda la escena nacional. Somos también quienes nos zurramos al ver el regreso del Control Machete y esperamos con ansias la vuelta al ruedo de Zurdok.
Aquellos que sin embargo, a pesar de que nos suene salvajemente grupero, a las primeras de cambio seguimos la senda del borrego, lustramos nuestros tennis de tierra, brincando y bailando, cerveza caliente en mano, con roqueros, punketos, skatos, hipsters, fresas, nacos, gruperos, poperos; en fin, con ese crisol latino que somos y seremos. Nosotros somos el Vive Latino.
*(Pachuca, 1980) Le gusta la literatura, los puros, el cine, la música, el alipús variado, las mujeres y meterse en problemas, aunque no precisamente en ese orden. Autor de: Escuela del Vértigo (CECULTAH, 2011), Bitácora del desánimo (HgO Ediciones, 2008) y Epílogo de insomnio (Pachuco press, 2006).
