
CIUDAD DE MÉXICO, 27 de octubre (Al Momento Noticias).- Su amabilidad con el público, su empatía con la eterna lucha de los pueblos de Latinoamérica, la dura crítica que ha hecho contra las dictaduras, o que provenga de una familia muy humilde. Uno de esos aspectos, o los cuatro, pueden explicar el cariño y admiración que miles de espectadores le profesaron ayer a Rubén Blades (1948), durante el concierto que ofreció en Guanajuato, en el cierre de la edición 42 del Festival Internacional Cervantino.
Si un sentido tiene la frase hecha “cerrar con broche de oro”, ese se comprobó ayer cuando ríos de personas se reunieron en la Alhóndiga de Granaditas para ver el que posiblemente sea el último concierto del salsero en México. “Ya llevo mucho en esto, en poco me retiro, y tal vez ya no me toque estar por acá de nuevo”, mencionó en un momento de su presentación.
Abandonará la música, pero no las causas. Competirá, por segunda ocasión, por la Presidencia de Panamá en 2019. La primera vez lo hizo en 1994 por el partido Papa Egoró; sin embargo, fue vencido por Ernesto Pérez Valladares, del Partido Revolucionario Democrático. Pero no hablemos más de su candidatura presidencial, eso es futuro. Mejor hablemos de ayer a las ocho de la noche, cuando Blades —siempre elegante y sobrio, dispuesto y feliz— hizo su aparición en el escenario. Para entonces todo fueron gritos y aplausos de bienvenida a uno de los grandes de la salsa, autor de canciones que se han convertido en todo un emblema como “Amor y control”, “Pedro Navaja” o “Maestra vida”.
Había comenzado la fiesta, incluso para quienes no alcanzaron un asiento en la Alhóndiga. Por un lado, estaba el público que, tres horas antes que iniciara el concierto, hizo largas filas para conseguir un lugar. Ellos estaban sentados y hasta tenían espacio para presumir sus mejores pasos de baile.
Por otro lado, estaban los despistados, aquellos que, con cerveza en mano, creyeron que a las 7:30 de la noche conseguirían un lugar en primera fila. Apretujados todos en la calle que se encuentra a un costado de la Alhóndiga, tuvieron que ver el concierto de ladito y parados de puntitas. En primer plano solo se observaban cientos de cabezas y, muy al fondo, un Rubén Blades pequeñito, pequeñito.
Por fortuna, una pantalla gigante les mostraba a ellos, los confiados, a un Blades enorme, como enorme es su carisma, lo cual le permitió acoplarse con el público desde el primer instante. Los más listos pagaron cien pesos por un espacio en uno de los angostos balcones de las casas colindantes, donde la vista era insuperable.
“TE QUEREMOS, RUBÉN”
Uno de los momentos más vehementes de la noche, fue cuando Blades se refirió a los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa. Lamentó lo ocurrido y exigió que se hiciera justicia. Eso provocó que los miles de espectadores reunidos ahí corearan diferentes consignas que pedían la aparición de los estudiantes, mientras en el escenario se proyectaron sus retratos.
Y no fue, desde luego, ningún afán protagónico. Es conocida de sobra la carga política y social que tienen las letras de sus canciones. Eso convirtió a Blades en la persona más elogiada anoche en Guanajuato. “¡Te queremos, Rubén, te queremos!”, corearon decenas de estudiantes.
Luego de dos horas de concierto, vino un cierre redondo cuando interpretó el que es acaso su más grande éxito, que conocen incluso los que no ubican a Blades: “Pedro Navaja”. Ahí nadie se contuvo. Solos o con la novia a lado, todos bailaron y corearon el infortunio del matón de esquina más famoso del mundo.
Sin duda, un día glorioso para todos los asistentes. Estaban felices porque sabían que habían formado parte de un momento importante en la carrera de Blades. Lo dicho, el de ayer fue un verdadero cierre con broche de oro.
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