El levantamiento zapatista: 20 años de encuentros y desencuentros

El levantamiento zapatista: 20 años de encuentros y desencuentros

 

Francisco Medina / Especial Al Momento Noticias

CIUDAD DE MÉXICO, 1 de enero (Al Momento Noticias).- En la fecha en que el gobierno federal se disponía a celebrar la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, en la madrugada del 1 de enero de 1994, los insurgentes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) tomaron por las armas cinco cabeceras municipales del estado de Chiapas: San Cristóbal de las Casa, Altamirano, Las Margaritas, Ocosingo y Chanal.

Los “zapatistas”, como serían conocidos públicamente, provenían de los pueblos tzeltal, tzotzil, chol y tojolabal, todos ellos de la familia maya. Aunque su objetivo último consistió en la transformación revolucionaria de México en una república socialista, los rebeldes demandaron entonces “trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz”.

Como respuesta, el gobierno federal envió al ejército a sofocar la rebelión. Los combates entre ambas fuerzas duraron 11 días. A partir del 12 de ese mismo mes el gobierno mexicano y el EZLN iniciarían acercamientos con el fin de buscar solucionar el conflicto por la vía del diálogo. Solución, hay que decirlo, que no se ha logrado todavía.

Los orígenes y la organización civil del zapatismo

Los orígenes político-militares del Ejército Zapatista de Liberación Nacional se encuentran en las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN), una organización clandestina formada a finales de los años sesenta en el norte de México, que, inspiradas en la revolución cubana, organizaron una lucha guerrillera con el fin de lograr la construcción del socialismo en México.

Sin embargo, las FLN fueron prácticamente aniquiladas por el gobierno federal a principios de los setenta. Sus sobrevivientes lograron reorganizarse e instalarse en 1983 en Chiapas, particularmente en los Altos, el Norte y la Selva Lacandona, persiguiendo los mismos objetivos. Para alcanzarlos, formaron el EZLN y una base social que lo sostuviera.

En efecto, las “bases de apoyo zapatistas” no son otra cosa que el conjunto de comunidades y grupos indígenas civiles que, en su momento, aceptaron colaborar en el proyecto revolucionario insurgente.

En la selva, su historia es la misma que la de los ex peones acasillados, quienes, tras abandonar o ser expulsados de las fincas desde mediados de los treinta del siglo pasado y en adelante, empezaron a colonizar este territorio formando ejidos.

A partir de entonces, éstos serían el centro de su vida social, religiosa, económica y política, que a lo largo de varias décadas fueron construyendo identidades e intereses comunes, así como lazos de cooperación regionales gracias a su participación en la pastoral y catequesis de la diócesis de San Cristóbal de las Casas y a la formación de organizaciones campesinas independientes.

Encuentros y desencuentros

Después de 12 días de sangrientos combates y el cese al fuego unilateral decretado por el gobierno de México, anunciado el 12 de enero de 1994, el levantamiento armado ha pasado en estas dos décadas por una serie de encuentros y desencuentros y por diversas iniciativas políticas del grupo armado.

Estas iniciativas comenzaron con la liberación del ex gobernador Absalón Castellanos, el 16 de febrero de 1994, que fue tomado como prisionero de guerra el día del levantamiento; se realizó el diálogo en la catedral de San Cristóbal de las Casas, entre el 21 de febrero y el 3 de marzo de 1994; la consulta de los acuerdos de la catedral (marzo-mayo 1994) y la creación de la Comisión Nacional de Intermediación (Conai), el 8 de julio de 1994.

Luego vino la Convención Nacional Democrática, primera iniciativa rebelde para transitar por la vía política en el Aguascalientes de Guadalupe Tepeyac (agosto de 1994); el rompimiento de un cerco militar para proclamar la autonomía en 38 municipios (19 de diciembre de 1994), que fue el primer paso para conseguir la autonomía que actualmente opera a través de las Juntas de Buen Gobierno.

La persecución policiaca de los principales líderes zapatistas (9 de febrero de 1995) a través de la Fuerza de Tarea Arco Iris, desplegada por el Ejército federal en los territorios llamados de influencia zapatistas fue otro momento importante del proceso; ese hecho desencadenó la promulgación de la Ley de Concordia y Pacificación y la creación de la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa) del 11 de marzo de 1995 en el Congreso de la Unión.

Pasó el acuerdo entre el gobierno federal y el EZLN para la negociación conocida como Mesa de San Miguel (5-9 de abril de 1995); la discusión de la agenda, los llamados Acuerdos de San Andrés y la firma de una mesa, sobre derechos y cultura indígena, ocurrida el 16 de febrero de 1996; la promesa zapatista a la Cocopa (noviembre de 1996) para firmar un protocolo de paz en marzo de 1997 y el rechazo del gobierno federal.

La creación del Frente Zapatista de Liberación Nacional (enero de 1998), que buscaba ser el brazo político del grupo armado; la iniciativa de reformas constitucionales en materia indígena (febrero de 2001);  la marcha zapatista desde Chiapas a la Ciudad de México, entre el 25 de febrero y el 5 de abril de 2001, que incluyó la presencia de los rebeldes en el Congreso de la Unión; la suspensión de contacto del EZLN con el gobierno federal y los partidos políticos (19 de julio de 2003); creación de las Juntas de Buen Gobierno (agosto de 2003), la forma zapatista de autogobernarse, y en noviembre de 2005, la disolución del Frente Zapatista de Liberación Nacional.

Temor a la intervención de EU

A partir del levantamiento encabezado por el subcomandante Marcos, el organismo de inteligencia del gobierno mexicano, el Cisen, preveía la multiplicación de guerrillas en varios estados, huelgas masivas, fuga de inversiones y contragolpes armados de la ultraderecha. Ante un escenario de esta magnitud, “Estados Unidos querrá intervenir abiertamente”.

El levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) hizo temer al gobierno de Carlos Salinas de Gortari lo peor: la movilización de otros grupos guerrilleros en varias partes del país, una respuesta terrorista de la ultraderecha y la intervención abierta de Estados Unidos. Ante ese escenario, no le quedó más que buscar una solución pacífica, mantener el cese unilateral del fuego y negar en todo momento que el de Chiapas fuera un problema militar.

Después de soslayar por meses los informes de inteligencia civil y militar sobre la gestación del EZLN, Salinas se empeñó en acotar el movimiento armado que se hizo visible el 1 de enero de 1994.

Su inmediata respuesta militar sólo duró 12 días y la reemplazó por una fórmula de negociación porque su gobierno llegaba a su último año en medio de una complicada sucesión presidencial, que se agravaría tres meses más tarde con el asesinato de su candidato presidencial, Luis Donaldo Colosio.

La gran apuesta de Salinas fue la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), pero el día que estalló la rebelión zapatista, el mandatario supo que la guerrilla no era cosa del pasado en México, a pesar de la represión militar y paramilitar desplegada en las décadas de los 60 y 70.

Los servicios de inteligencia del Estado mexicano conocían la evolución de los movimientos armados hasta llegar al surgimiento del EZLN. Sabían que era un ejército muy organizado, con una estructura amplia, relaciones intensas con organizaciones populares y preparación militar a partir de experiencias internacionales. Incluso llegaron a aceptar que había unos 35 mil hombres alzados en las montañas del sureste mexicano. La mayoría de ellos, armados con el apoyo de grupos de chicanos y puertorriqueños desde Estados Unidos.

Estaban también informados de que Chiapas era sólo una de las entidades de la Federación propicias para la guerrilla. Buena parte del país había mantenido durante años la formación clandestina de grupos armados, sobre todo en el centro y el sur. Una respuesta castrense exacerbaría más el ánimo en territorio nacional.

Tal era la lectura que Salinas hacía de los hechos en los primeros días del levantamiento zapatista, de acuerdo con dos documentos del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) entregados a Proceso a través de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental.

El EZLN reaparece de la clandestinidad

El 21 de diciembre de 2012, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) marchó en silencio por las calles de San Cristóbal de Las Casas, y de las cinco cabeceras municipales más importantes de Chiapas. No era para celebrar el fin de la cuenta larga del calendario maya, como afirmaron a la ligera muchos periodistas, sino para recordar a las víctimas de la masacre de Acteal.

Ese día la impunidad celebró 15 años. Los zapatistas dijeron: ¡Aquí estamos! Los indígenas con pasamontañas en marcha solemne y pacifica se contaron por miles.

Hace 20 años, cuando entraba en vigor en México el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá (TLC), las comunidades indígenas de Chiapas mostraron al mundo que la miseria, el maltrato y explotación en que vivían.

La figura que más llamó la atención fue la del Subcomandante Marcos, vocero del EZLN, por su humor corrosivo, su poesía, lo fresco de sus comunicados, su elocuencia y las grandes sorpresas que daba como el comunicar al mundo que el EZLN no luchaba para tomar el poder sino para tener un país con democracia, paz y libertad.

El Sub era y sigue siendo el vocero de las comunidades zapatistas; él era el puente entre el universo de los mestizos y el de los indígenas. El Sub era el traductor en un sentido amplio y desafortunadamente la prensa mundial puso toda la atención en su persona. Nadie quería hablar con los indígenas, con las bases de apoyo; todos querían una entrevista con Marcos.

Eso fue muy doloroso para el Comité Clandestino Revolucionario Indígena, instancia superior del ejército zapatista, pues sus miembros son representantes de cada etnia y región rebelde elegidos en asamblea.

El CCRI, a pesar de su importancia, era transparente para la prensa. Tal vez por esta razón desde hace varios años, el Subcomandante decidió no tener presencia en las ceremonias y encuentros organizados por los zapatistas.

Varias veces afirmó: “Debo pasar a la sombra para que la sociedad civil vea a los indígenas, vea a los zapatistas”. El Sub desapareció de la vida pública.

Todo tipo de rumores corrieron: Que si se había ido a vivir a Miami, que si se había mudado a Francia, que si tenía cáncer de pulmón por tanto fumar pipa, que si estaba muriendo de SIDA. Se estaba muriendo de risa de todos esos chismes disfrazados de noticias. Varias veces se habló de su muerte y en una de ellas, respondió: “Que tristeza que me morí. Y tanto que me quería …”

En los últimos cuatro años hubo pocos comunicados oficiales del EZLN. El 21 de diciembre, pocas horas después de la marcha silenciosa, apareció un comunicado que dice a la letra: “¿Escucharon? Es el sonido de su mundo derrumbándose. Es el nuestro resurgiendo. El día que fue día era noche. Y noche será el día que será el día”

El comunicado está firmado por el Comité Revolucionario Indígena Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. A lo largo del siglo XX el Partido de la Revolución Institucional (PRI) ganaba todas las elecciones en Chiapas con el 99.9 % de los votos.

Precisamente ahí, en 1994, surgió un movimiento social armado en contra de todo lo que se había convertido el PRI: autoritarismo, caciques criminales, corrupción generalizada, terror, explotación, muerte y todo tipo de abusos hacia las comunidades indígenas.

El entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, sabía desde agosto de 1993 que se preparaba una sublevación. Los militares descubrieron por casualidad un campo de entrenamiento zapatista. Salinas dio la orden de guardar silencio para no asustar a los inversionistas que llegarían con el Tratado de Libre Comercio.

Los militares sabían que había guerrilla, lo que no se imaginaban era la dimensión del levantamiento de la madrugada del primero de enero de 1994.

La marcha del 21 de diciembre fue una demostración de fuerza de los zapatistas que por todo Chiapas, mostraron a su ejército indígena, intacto.

El subcomandante Marcos difundió un nuevo comunicado en el que advierte que “las limosnas” tienen que otorgarlas en otro lugar. El gobierno federal escogió el municipio de Las Margaritas, donde en 1994 el Ejército Zapatista de Liberación Nacional apareció con su declaración de guerra contra el gobierno y Estado mexicano encabezado en aquel entonces por presidente Carlos Salinas de Gortari.

En respuesta, el líder guerrillero ironizó el acto al que acudieron 30 gobernadores y los integrantes del gabinete legal y ampliado. Critica también las equivocaciones de Peña Nieto y de Rosario Robles en la lectura de los discursos y recuerda, en tono sarcástico, el programa Solidaridad que Salinas encabezó en 1993 prometiendo acabar con la desigualdad.

De entrada, les llama a los asistentes gubernamentales “Alí Baba y sus 40 ladrones” y luego critica el acarreo que hizo el gobierno para llenar el acto con miles de campesinos e indígenas. “Un consejo: las limosnas las tienen que ofrecer en otro lado, aquí no vive ningún Jesús de apellidos Ortega Martínez o Zambrano. O pueden darlas en el ‘Pacto por México’. (Ah, mis albures son sublimes, ¿qué, no?)”

En el escrito “Cuando los muertos callan en voz alta, (Rebobinar 1)” fechado el 28 de diciembre, el Subcomandante dice que Chiapas “es territorio zapatista, es Chiapas, es México, es Latinoamericana, es la Tierra” y este último mes del 2013, “hace frío como hace 20 años, y, como entonces, hoy una bandera nos cobija: la de la rebeldía”.

Marcos además ve impunidad en el caso de la Guardería ABC de Hermosillo, Sonora, donde un incendio el 5 de junio de 2009 quitó la vida a 49 niños y causó heridas importantes a otros 76.

El vocero zapatista asegura que el “mundo es redondo y en el continuo sube y baja de la política de arriba, se puede pasar, en poco tiempo, de la portada de (la revista) Hola, al ‘Se busca: criminal peligroso’; de la francachela de diciembre del TLC, a la cruda del alzamiento zapatista; del ‘hombre del año’, a la ‘huelga de hambre’ con agua embotellada de marca chic”.

Pero también del aplauso por los chismes malos, al filicidio putativo por concretarse; del nepotismo y la corrupción adornados con ocurrencias, a la investigación por ligas con el narcotráfico, de los trajes militares talla extra grande, al exilio temeroso y manchado de sangre; de la francachela del diciembre entreguista…”

Marcos dice con ironía que le da escalofríos pensar que en el futuro, las modernas fuentes documentales como Facebook y Wikipedia perfilen retratos a modo de los ex presidentes Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y el actual presidente Enrique Peña Nieto.

De Ernesto Zedillo Ponce de León “no será el hombre de Estado que llevó a una Nación de una crisis a otra peor (además de ser uno de los autores intelectuales, junto con Emilio Chuayffet y Mario Renán Castillo, de la masacre de Acteal), sino que llevó las riendas del país, con un singular sentido del humor… para terminar siendo lo que siempre fue: un empleado de segunda de una multinacional”, atiza.

Vicente Fox “será la muestra de que el puesto de presidente de una República y de una filial refresquera es intercambiable… y que ambos puestos pueden ser ocupados por inútiles”.

Felipe Calderón Hinojosa “será un presidente valiente (para que otros murieran) y no un psicópta que se robó el arma (la presidencia) para sus juegos de guerra… y que terminó siendo lo que siempre fue: un empleado de segunda en una multinacional”.

“Ah, las biografías. No pocas veces son auto biografías, aunque sean los descendientes (o los compinches) quienes las promueven y así adornan su árbol genealógico”, suelta el líder zapatista.

Agrega que desde “hace un buen de tiempo que sostengo que la mayoría de las biografías no son más que una mentira documentada, y a veces, no siempre bien redactada. El biógrafo promedio tiene una convicción previa y al margen de tolerancia es muy reducido cuando no inexistente”.

Y es a través de esta convicción que se comienza a hurgar en el rompecabezas de una vida que les ajena (por eso su interés en haber la biografía), y va recolectando las piezas falsas que le permite documentar su convicción propia, no la vida reseñada”.

Sedena debe hacer público el expediente A/390

Este 2014 vence el plazo para que la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) haga público el expediente A/390, conocido como Documentación Relacionada al Levantamiento Armado en el Estado de Chiapas y que hasta el momento permanece como reservado.

La dependencia explicó que de conformidad con el Artículo 15, párrafo tercero de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información y Pública Gubernamental, así como del Artículo 35 párrafo primero de su reglamento, la Sedena hizo en tiempo y forma los trámites correspondientes ante el IFAI para que tal expediente continúe como reservado.

En este caso, la Sedena recordó que mediante el oficio TAI/SSCV/000130, con fecha 10 de enero de 2012 y por conducto de la Unidad de Enlace, solicitó al Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos (IFAI) la ampliación del periodo de reserva para dar a conocer el informe del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Así, se informó que la ampliación del periodo comenzó a contabilizarse a partir de la fecha de vencimiento, el 12 de abril de 2012, por lo que la información del expediente continuará como clasificada y reservada hasta el 12 de abril de 2014.

La Sedena respondió con ello a la solicitud de información que un particular presentó por medio del Sistema Infomex-Gobierno Federal, con número de folio 0000700044013.

Dicho ciudadano solicitó copia de los partes militares de las zonas o comandancias de Chiapas que elaboraron los oficiales en turno, entre el 15 de diciembre de 1993 y el 30 de enero de 1994.

El sábado 1 de enero de 1994 se hizo presente por primera vez el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), cuando un grupo armado ocupó varias cabeceras municipales de Chiapas, entre ellas San Cristóbal, Altamirano y Las Margaritas.

AMN.MX/fm