
En su intervención, Martínez Orralde, celebró el presente homenaje y pidió recordar al Premio Nacional de Ciencias y Artes 1982, como un personaje vivo que en su obra, dejó un legado arquitectónico y que hoy, disfrutan varias generaciones en ciudades, barrios y estados.
Recordó que junto con Teodoro González de León, crearon un par de obras como el Museo Rufino Tamayo Arte Contemporáneo, además de que ambos ganaron el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1982 por su notable producción.
Reiteró que el legado arquitectónico de Zabludovsky, “es una aportación invaluable y esto lo vamos a disfrutar por generaciones porque está vivo en las calles, en las ciudades donde están sus obras y dada la producción en los géneros que trabajo, tenemos vivienda, teatros, tratamiento de espacio público y grandes complejos habitacionales”.
Dolores Martínez manifestó que la idea de este homenaje es una de las tareas del INBA al reconocer a los autores y a sus obras en la arquitectura moderna.
Asimismo, señaló que la dirección a su cargo, estará el pendiente de la conservación integral de las obras del homenajeado, “de las recomendaciones que sean necesarias para dicha conservación integral del legado”.
Reconoció que el legado de Zabludovsky no corre peligro alguno, aunque aclaró que todas las obras como en todo momento, requieren de un programa de mantenimiento integral.
Por su parte, Méndez Bernal y Mazari Hiriart elogiaron la labor creativa del homenajeado, quien trabajó en el taller del también arquitecto Mario Pani Darqui.
Refirieron que su creatividad se volcó hacia edificios de otra índole, como centros de convenciones, teatros, auditorios y oficinas públicas administrativas, entre otros.
Mencionaron que su obra atendió a los rasgos propios del lugar, delineando un lenguaje propio caracterizado por la revaloración del muro, la búsqueda de texturas durables, particularmente mediante el empleo del concreto cincelado con grano de mármol expuesto y una concepción espacial.
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