
CIUDAD DE MÉXICO, 12 de marzo, (Quadratín México).- El cardenal Norberto Rivera Carrera, uno de los electores en el conclave donde se elige al sumo sacerdote que sustituirá a Benedicto XVI, ha sido criticado y señalado como uno de los cardenales más corruptos de nuestro país, sobre todo en el caso de los sacerdotes pederastas y de haber protegido a Marcial Maciel.
Se sabe que en las averiguaciones del caso del presbítero Nicolás Aguilar Rivera, perseguido por la policía de Los Ángeles, California, y acusado de abuso sexual a más de un centenar de menores, tanto en Estados Unidos como en México, Norberto Rivera ha sido acusado de brindar protección al presbítero, cuando era obispo de Tehuacán, Puebla.
Y es que en septiembre de 2006 su nombre fue incluido en una demanda levantada por Joaquín Aguilar Méndez en la cual se acusa a Rivera Carrera de haber ayudado al sacerdote Nicolás Aguilar a evitar ser procesado por actos lascivos contra menores. Rivera Carrera argumentó que él no se encontraba laborando en dicha Diócesis en las fechas que indican los acusadores sucedieron los hechos, por lo que no es posible pudiera encubrir a nadie. La Suprema Corte de Justicia del Estado de California, en los Estados Unidos, declaró improcedente dicha demanda en 2009. Confirmaba así la sentencia emitida el 17 de octubre de 2007, por el Tribunal Superior de Justicia de Los Ángeles, California.
Sin embargo, de acuerdo con una investigación del diario Los Angeles Times, Rivera Carrera, junto con el cardenal Roger Mahony, arzobispo de Los Ángeles, habrían encubierto al clérigo a finales de los años 80 al aceptar repetidos traslados de Aguilar de un país a otro. Las autoridades judiciales de Estados Unidos tienen como evidencia la supuesta correspondencia privada de los jerarcas católicos sobre el asunto, cartas que se encuentran en el expediente del caso.
Pero, no sólo en éste, sino que también se ha documentado la información acerca de la protección que Rivera Carrera brindo desde 1997 al cura pederasta Marcial Maciel, fundador de la Legión de Cristo, ha sido bien documentada.
En mayo de 2006 el arzobispo primado de México salió públicamente en defensa de Marcial Maciel, al ser éste obligado por el Vaticano a no ejercer más el sacerdocio: “Todo lo que dicen de que fue condenado, de que fue impedido, etcétera, es puro cuento porque el documento sólo dice que lo invita a retirarse a la vida privada”, declaró a los medios, añadiendo que para la Legión: “el padre Maciel siempre será su fundador y siempre un motivo de alegría saber que el padre sigue adelante”.
La complicidad de Norberto Rivera con Maciel tal vez no se debió a un desconocimiento sobre el derecho canónico, el cual en el Artículo Quinto del documento de los obispos americanos de noviembre del 2002; dice en su parte primera: “cuando se ha descubierto que un sacerdote ha cometido actos de pederastia y por razones de edad o enfermedad no se le ha juzgado, se le debe retirar y apartar del ejercicio sacerdotal para que lleve una vida de oración y penitencia”.
Sin embargo, el cardenal Rivera Carrera prefiere negar esa protección, a través de su vocero Hugo Valdemar quien ha declarado que todo es una “campaña de golpeteo” contra el purpurado:
Norberto Rivera no actuó de manera solitaria para proteger a Maciel, ya que contó con el respaldo de la Santa Sede: En los archivos secretos de El Vaticano que van de 1948 a 2004, y que son 201 documentos del dossier Maciel, y que estaban en poder de Joseph Ratzinger, quien no actuó hasta que Juan Pablo II estaba ya muy grave.
Además, Ratzinger lo supo en 1998 por Alberto Athié; por los ex Legionarios que en 1998 enviaron su expediente al Vaticano armado por Antonio Roqueñí, por Patricio Cerda ex legionario chileno, que había hablado con el cardenal Medina Estévez y tuvo una entrevista con él en el 2004. Lo sabían en El Vaticano y sin embargo fueron “extremadamente hipócritas”.
La primera vez que el cardenal Norberto Rivera Carrera protegió públicamente los crímenes sexuales de Marcial Maciel fue el 11 de mayo de 1997, cuando fue cuestionado sobre las denuncias de los ex legionarios, y el arzobispo primado de México contestó señalando que todo era “un complot contra la Iglesia. Eso es totalmente falso; son inventos y tú nos debes platicar cuánto te pagaron. Fue un error lo que les hizo el padre, pero es mejor que esto no se sepa. Es mejor que ustedes no vayan a la policía, porque luego los perjudicados van a ser ustedes. Todos se van enterar de lo que les pasó. Es mejor guardar silencio, para que ustedes no salgan dañados”.
Así les dijo el cardenal Norberto Rivera a algunas víctimas del sacerdote pederasta Nicolás Aguilar, a quien el purpurado mexicano protegió y sigue protegiendo para evadir la acción de la justicia.
La historia se remonta a 1997 cuando el padre Aguilar fue denunciado luego de violar a más de 60 niños en la Sierra Negra de Puebla durante unos años antes, precisamente en el momento en que Norberto Rivera era obispo de Tehuacán.
Rivera fue nombrado arzobispo primado de México el 13 de junio de 1995, pero mantenía contacto regular con la diócesis a la que sirvió y en donde protegió contra viento y marea al cura pederasta Nicolás Aguilar. Las víctimas fueron a denunciarlo, pero él protegió al sacerdote desde el primer momento.
Fueron cuatro niños los que finalmente decidieron denunciar al padre Nicolás ante Norberto Rivera: Los niños fueron a la casa del obispo Rivera. Él ordenó que no dejaran entrar a las mamás, que sólo pasáramos los niños por separado. Los fue atendiendo uno por uno. Les pidió que le contara todo. Luego les dijo: “A ustedes pronto se les olvidará lo que el padre Nicolás les hizo. La Iglesia les dará asesoría sicológica y con el tiempo ya no se acordarán”.
Rivera Carrera consideraba que la pederastia clerical era una “enfermedad” y no un delito, por eso trasladó al padre Nicolás Aguilar a Los Ángeles en 1988 y bajo un código secreto se lo notificó a su homólogo, el cardenal Roger Mahony. Ambos son cómplices de conspiración a la pederastia, por eso fueron procesados ante la Corte Superior de California.
Durante 18 meses, el padre Nicolás violó a 26 niños en la Diócesis de Los Ángeles. Cuando llegaron las nuevas denuncias el cardenal Mahony lo trasladó a México en 1989 y el cura continuó siendo sacerdote, esta vez, en el Distrito Federal, donde luego violó a más niños, entre ellos, a Joaquín Aguilar, el representante de SNAP en México (Red de Sobrevivientes de Abusos Sexuales de Sacerdotes) quien posteriormente de manera valiente y comprometida denunció a Rivera ante las autoridades estadounidenses al no encontrar justicia en los tribunales mexicanos.
El Cardenal Norberto Rivera Carrera es un protector reincidente de curas pederastas. Lo ha hecho durante toda su carrera eclesiástica. Primero con Marcial Maciel, luego con Nicolas Aguilar y muchos otros. De hecho, ha dirigido dos “clínicas” donde supuestamente la Iglesia “cura” la pederastia clerical: la Casa Damasco en la colonia Postal y la Casa o Fundación Rougier ubicada en el kilómetro 31 de la carretera México-Pachuca y la Hacienda Ojo de Agua, en el Estado de México. Ambas casas son como hoteles de cinco estrellas donde Rivera Carrera cree que la pederastia clerical se cura a base de Evangelio, ejercicio y pastillitas para disminuir el apetito sexual de los depredadores con sotana.
No todos los sacerdotes toleran los abusos sexuales del clero como Norberto Rivera, para al padre Tacho, Anastasio Simón Hidalgo, párroco de San Gabriel Chilac, Norberto Rivera siempre mostró un desinterés hacia los fieles, al cardenal nunca le importaron las víctimas: “El problema de Norberto Rivera es que no tiene sensibilidad pastoral, ni sensibilidad humana, ni cristiana”, dijo en su momento el párroco.
El cardenal mexicano presente en Roma para participar en el cónclave que elegirá al nuevo Papa, ha dicho de manera cínica, como sólo puede hacerlo quien se sabe impune, que las víctimas de abuso sexual de sacerdotes que lo acusan de encubridor pueden seguir señalándolo, porque a él no le afecta.
“Pueden seguir haciendo el ruido que quieran”, dijo, “Yo no tengo ningún problema si ellos desean continuar realizando propaganda para su organización. Hace muchos años realicé declaraciones, hace mucho tiempo que los tribunales de Estados Unidos me absolvieron y confirmaron que no tengo culpa alguna en este tema”.
La lucha de las víctimas de pederastia clerical continúa. Acompañados por el abogado Jeff Anderson, un luchador social que sigue buscando justicia y reparación en Estados Unidos para las miles de víctimas de abuso sexual de sacerdotes y que ya ha conseguido llevar a los tribunales a cientos de curas pederastas y sus encubridores obispos y cardenales.
Son las víctimas las que han solicitado al Vaticano que no permita que los cardenales encubridores de curas pederastas participen en el Cónclave y menos que de este grupo sea elegido el nuevo Papa, pero como siempre, la Santa Sede no escucha a los que más han sufrido con este tipo de delitos deleznables.
La llamada “docena sucia” de cardenales, donde está incluido obviamente el cardenal Norberto Rivera Carrera, incluye también a los cardenales estadounidenses Timothy Dolan, Donald Wuerl y Sean O’Malley, el australiano George Pell, el checo Dominik Duka, el canadiense Mac Ouellet, así como el ghanés Peter Turkson y los italianos Angelo Scola y Tarcisio Bertone, cardenal secretario de Estado del Vaticano.
Conociendo el pasado y presente de Norberto Rivera Carrera y su actitud de desprecio ante las víctimas, no es de extrañar que el purpurado se burle de quienes han sufrido las consecuencias de los crímenes sexuales del clero católico.
Alberto Athié conoció de primera mano la protección que el cardenal Norberto Rivera Carrera extendió en vida a Marcial Maciel, y Fernando González documentó la complicidad del arzobispo primado de México que ahora intenta deslindarse de su responsabilidad en el complot que durante 50 años de carrera eclesiástica sostuvo al fundador de la Legión de Cristo, acusado de pederastia y de mantener una doble vida con mujeres e hijos sometidos a la clandestinidad.
Athié y González son parte de la memoria histórica que pretende evitar el olvido sobre los cómplices y protectores de Marcial Maciel, luego que el tiempo, los hechos, testimonios y pruebas les han dado la razón, al igual que a las víctimas del fundador de La Legión:
Fernando González, en cambio, fue recabando toda la información y documentación sobre la protección de Norberto Rivera Carrera para incluirla en sus libros: Marcial Maciel los Legionarios de Cristo: testimonios y documentos inéditos y el más reciente, La iglesia del silencio. De mártires y pederastas: “Norberto Rivera Carrera lo protegió siempre. Es un cómplice radical de Marcial Maciel. Recordemos que en 1997 se tomó una foto con él en el Instituto Cumbres y recientemente devaluó la sentencia emitida por Benedicto XVI cuando lo redujo al estado laical”.
De manera infructuosa durante seis años, Athié intentó que el cardenal Joseph Ratzinger, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, escuchara las denuncias, pero fue inútil. Sobre eI mismo caso, el obispo de Coatzacoalcos, Carlos Talavera, le entregó una carta escrita por Athié a Ratzinger con la denuncia; pero, también decidió protegerlo: “Lamentablemente, el caso de Marcial Maciel no se puede abrir –le dijo luego de leer la misiva– porque es una persona muy querida del papa Juan Pablo II, y además ha hecho mucho bien a la Iglesia. Lo lamento, no es posible”.
Athié se preguntó sorprendido: “¿Cómo es posible que el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe no vea prudente saber sobre el proceso de un violador de menores como el padre Marcial Maciel?”
Ese es el expediente resumido del cardenal Norberto Rivera Carrera, protector de pederastas que, sin rubor, participa en la elección del próximo Papa.
QMX/fm/fsf/
