
Esperanza Vergara, alias “Carmelita” (Foto: Daniel Cruz)
CIUDAD DE MÉXICO, 31 de enero (Al Momento Noticias).- “Le digo a la gente que no se asuste, nosotros no somos ningún cártel, somos del pueblo, puros campesinos, cortadores de limón, ganaderos y nosotros no venimos a hacerle mal a nadie. Estamos contra el mal ¡de esos malditos templarios!”, asegura la joven Esperanza Vergara, alias “Carmelita”, quien se sumó a las filas de las autodefensas en abril, dos meses después de que surgieron en su tierra, Buenavista Tomatlán.
A sus 21 años, Carmelita sabe disparar una Uzi 9 milímetros automática, arma diseñada por las fuerzas de defensa de Israel y usada por la policía de Colombia. Y aunque su primer disparo fue hace tres meses, solo fue una prueba.
“¿Miedo, miedo de qué?”, señala Vergara, de menudo cuerpo, baja estatura, cabellera negra larga y lentes oscuros, mientras sujeta con estilo su 9 milímetros con capacidad de fuego de 35 tiros.
Cómo una mujer de 21 años combate a los “templas”
Su familia se dedica a la ganadería, por lo que fueron presas de múltiples extorsiones; vendían barato y pagaban caro, por lo que a petición de Carmelita y su hermano, los padres aceptaron que los hijos pelearan para acabar con los “templas”, como se refieren al grupo que combaten.
Así, ambos jóvenes forman parte de los H3, equipo que sí se enfrenta a Los Caballeros Templarios en cada una de las incursiones a nuevas comunidades.
Carmelita no vigila barricadas ni retenes, anda en camionetas último modelo de las que prestaron los empresarios y ganaderos para que las autodefensas se transporten.
Enfundada en una sonrisa y en pantalón de mezclilla, botas y una playerita azul ajustada, Carmelita irrumpió junto con cerca de 500 autodefensas en Los Reyes, donde fueron recibidos a balazos por los templas en esa cabecera, de las últimas que han tomado después de la firma del acuerdo con el gobierno, para legalizarse.
“Nos han causado mucho daño. A todos nos han lastimado con las extorsiones”, explica con los dientes apretados.
Esperanza, que apenas terminó la preparatoria, nunca tuvo algún incidente que atentara contra su integridad; sin embargo, dice que pelea por su familia y por su pueblo.
“El gobierno de alguna forma nos está apoyando, pero antes no querían. Ahora gracias a Dios ya están poniendo atención en esto”.
Ella no es la única mujer en las autodefensas, la acompañan por lo menos cinco más, todas mayores.
De su arma, que se la dieron luego de un enfrentamiento, sabe que “de las buenas”, aunque no sabe si alguien murió bajo sus balas. Cuando se le pregunta qué hará cuando tenga que registrarla, responde con desparpajo: ”Si nos quieren registrar, nos pueden registrar, pero de todas formas esto es ilegal, traer las armas”.
Con información de Milenio
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