“Primavera árabe” no logró democratizar las naciones

“Primavera árabe” no logró democratizar las naciones

 

JERUSALÉN, 7 de febrero (Quadratín México).- La Primavera Árabe derrocó a los dictadores de algunos países, sensibilizó a varios gobiernos a las demandas de sus poblaciones, provocó cambios en las alianzas estratégicas, pero por el momento, -salvo excepciones-, no logró democratizar las naciones ni terminar con la violencia que acosa la región entre mareas provocadas por las luchas intestinas. Para muchos, se ha convertido en un sombrío otoño.

En la República Tunecina, después de la caída de Zine El Abidine Ben Ali  se celebraron elecciones a una Asamblea Constituyente que fueron ganadas por escaso margen por  el partido islamista Ennahda. La asamblea adoptó una constitución provisional y, dos días después, eligió al líder del Congreso para la República, Moncef Marzouki, como presidente provisional de la República. Marzouki propuso como primer ministro a Hamadi Jebali, secretario general de Ennahda, que formó un gobierno provisional de coalición entre los tres principales partidos el 24 de diciembre de 2011, hace apenas poco más que un año.

El homicidio de ayer, miércoles, a quemarropa, de Chokri Belaid, en la puerta de su hogar, fue el primer asesinato político desde la revolución de 2011.

Belaid era  un abogado que dirigía el Movimiento de los Patriotas Demócratas líder de un partido de izquierda y de la oposición secular. El país, nuevamente manchado de sangre, enfrenta ahora graves tensiones. “Tras el fracaso de las negociaciones con los partidos para una remodelación del gobierno, he decidido formar un gobierno tecnócrata reducido”, explicó el primer ministro Jebali y apenas pueda, prometió, convocará a elecciones.

Ennahda, el partido islamista que gobierna en Túnez, se apresuró en condenar el atentado.

El asesinato ha provocado una serie de manifestaciones en la capital tunecina, Túnez, y en la localidad de Sidi Bouzid, la cuna de la primera revolución de la Primavera Árabe que puso fin al régimen liderado por Zine el Abidine Ben Alí el 14 de enero de 2011. En Mezzouna, Gafsa, Sfax y Monastir los manifestantes han quemado y saqueado las oficinas de Ennahda. En Kasserine, Beja y Bizerta, la multitud gritó “¡Venganza, venganza!”. La policía ha reprimido con mano dura las manifestaciones temiendo salgan de control.

Los familiares de la víctima, acusaron al jefe de Ennahda, Rached Ghannouchi de ser el inspirador del crimen, pero éste ha negado cualquier participación, diciendo que sus autores “quieren un baño de sangre” en la República Tunecina. “Este es un acto de terrorismo, no sólo en contra de Belaid, sino en contra de todos los tunecinos”, expresó el primer ministro Jebali.

El presidente de la República Tunecina, Moncef Marzouki, un laico que mantiene relaciones tensas con Ennahda, ha cancelado su programado viaje a El Cairo y regresó por la emergencia de Francia, donde llevaba a cabo una visita.

En señal de protesta por el asesinato de Belaid, cuatro grupos de la oposición, el Frente Popular (izquierda), el Partido Republicano, al-Massar y Nidaa Tounes (de centro), han llamado a una huelga general y suspendieron su participación en la Asamblea Nacional Constituyente.

El funeral será el viernes, y hasta ese entonces la tensión seguirá en aumento.

La República Tunecina se encuentra inmersa desde hace meses en una crisis política, sin un compromiso sobre la futura constitución. Ello bloquea la realización de nuevas elecciones. Mientras tanto, los miembros laicos de la coalición están pidiendo eliminar a los islamistas de los principales ministerios.

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