
Luis Rodríguez/
Portal The Exodo/ “Soy prácticamente un cadáver deportado que enfrentó al sistema de justicia racista de Estados Unidos y me puede jactar que logré el apoyo de personalidades como Nelson Mandela quienes clamaron justicia para mí”, comentó al Portal The Exodo, Mario Flores Urbán, uno de los pocos mexicanos que con fecha para ser ejecutado logró salvarse.
Actualmente de 41 años de edad, abogado, destacado pintor, emigró cuando tenía sólo 7 años junto con sus padres a Chicago y de adolescente se unió a una pandilla violenta, de la que soñaba ser líder.
Sus padres lo inscriben en un colegio en el que comenzaba a destacar académicamente y también en el deporte, especialmente en el área de clavados. Consideró ser un atleta que podría participar en los Juegos Olímpicos de Seúl, en 1988.
Cuando Mario estudió la secundaria, le asignaron como tutora de la materia de álgebra a una profesora de nombre Michelle, quien 20 años después se convertiría en la Primera Dama de Estados Unidos y una de las mujeres más influyentes del mundo.
A sus 17 años, Mario aparecía en diarios como el Chicago Sun Times y el Chicago Tribune. Hablaba de sus ganas por competir en los Juegos Olímpicos de Seúl. “Salía en medios como la esperanza de la comunidad mexicana, como migrante, de representar a EU. Nunca me tatué ni usé drogas. Eso me ayudó para no caer en malos pasos. Siempre pensé en la medalla de oro”.
En momentos en los que su vida se estaba reencausando, sus antiguos amigos de la adolescencia lo implicaron en el asesinato de un jefe pandillero, razón por la cual fue sentenciado injustamente a la pena capital. En prisión pasó prácticamente 20 años, en los cuales vio a la muerte cara a cara, con fecha para su ejecución, pero un conjunto de coincidencias, de acciones, acomodaron el destino a su favor. Esta es la historia de Mario Flores en sus propias palabras:
“Lo primero que hice al llegar a la prisión, tenía 18 años, fui el joven más joven condenado a muerte en el estado de Illinois. Mi mejor decisión fue estudiar derecho vía correo en la Universidad de Austin, Texas, ello porque un mes antes de que iniciara mi juicio muere mi abogado defensor de un infarto, y toma la defensa su asistente de despacho, recién egresado de la facultad de derecho y no presentó un solo testigo a mi favor”.
Indicó que sus padres no hablaban inglés, ni tampoco se les ocurrió acudir al Consulado de México en Chicago. Además de estudiar derecho en la cárcel y defender los casos de otros sentenciados a muerte “una de las razones por las que aún estoy vivo es que durante esos 20 años que pasé en el pabellón de la muerte, no quebranté una sola de las reglas, ni siquiera me hice un tatuaje a pesar de que me acusaban de ser líder de una de las pandillas más violentas de Chicago.
“Aprendí cómo los abogados, los fiscales y los jueces aplican y manipulan las leyes. Y con esos conocimientos, los apliqué a favor de mis compañeros. “Salieron indultados 13 compañeros condenados a muerte”.
Mario Flores, de impecable traje, con un español que conserva modismo del llamado spanglish, hace una pausa, para retroceder con emoción, con evidente miedo, a las fecha que tenía programada para su ejecución vía inyección letal en el 2003.
“Cuando llega mi fecha de ejecución, uno de esos 13 que defendí, se llama Rolando Cruz, viene a México. Rolando Cruz fue indemnizado con tres millones y medio de dólares y era una persona, celebridad en Estados Unidos, viene a México a exigirle al Presidente Ernesto Zedillo que haga algo por mí.”
Rolando Cruz es uno de los héroes de mi caso, quien se reunió con funcionarios de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y de la cancillería mexicana, y de ahí nace lo que ahora se conoce como Programa de Asistencia Legal en el Exterior y AMCLAD, que es Asistencia para Casos de Mexicanos Condenados Muerte.
Mario sigue con la defensa de más presos y se dedica también a la pintura, como una forma de no sentirse preso y dar salida a todas sus emociones. Una visita de artistas y funcionarios de Chicago a la cárcel descubre sus obras y lo invitan a concurso el cuál gana. Sus obras son exhibidas en el Dusable Museum Art de la llamada Ciudad de los Vientos.
También los vientos de la suerte siguen soplando a su favor. Su historia llega a diarios de España donde alguien se interesa en él: “Estimado señor Mario Flores, mi nombre es Francisco de Paula García, soy el Presidente de la Asociación de Protección de Animales de Málaga y quisiera saber si hay algo que pueda hacer por usted”.
“Y mi primera reacción fue muy fuerte, dije: soy tan güey que ya llamé la atención de la protectora de animales y bueno, resulta que este hombre, Francisco de Paula es amigo de la familia de Pablo Picasso, en Málaga, y le presentan mis obras, quedan impresionados con mis obras e inician una gira de exposiciones de mis cuadros. Entonces empieza una campaña desde Malagá y otras regiones españolas en mi favor”.
Personalidades como el entonces presidente de Sudáfrica, Nelson Mandela, se entera de su caso y envía una carta al gobernador de Illinois, para pedir clemencia para Mario.
El tema llega al gobernador de Illinois, George Ryan, quien empieza a ver con preocupación que se había indultado a 13 presos defendidos por mí y que estuvieron a punto de ser sometidos a la pena capital, siendo inocentes. Entonces decide revisar mi caso y quedan en evidencia todas las irregularidades de mi proceso.
“El gobernador puede ver mi caso, mi expediente desde otra perspectiva y cuando estudian mi expediente descubrieron que no había una sola evidencia física vinculándome al homicidio, que es importante porque la única evidencia era testigos oculares de compañeros de la pandilla, que declaran en contra mía a cambio de ser liberados por los tantos otros atentados que tenían en contra de ellos”.
El abogado, el artista, el clavadista que pudo ser medallista olímpico, fue finalmente indultado de la pena capital por su buena conducta y evidente inocencia. Salió del pabellón de la muerte en agosto del 2004.
Hoy es conferencista, sigue siendo un pintor reconocido, pero fue deportado de Estados Unidos y explica las razones: “Yo era residente legal en Estados Unidos pero después del 11 de septiembre del 2001 implantaron una nueva Ley Federal en Estados Unidos que se llama Acta del Patriotismo, la cual todo residente permanente en Estados Unidos o recién hecho ciudadano que haya sido culpado de un delito en el pasado será deportado”.
Sonriente, cuenta su historia que podría ser guion de una película y reflexiona sobre los mexicanos que recientemente han sido ejecutados en Estados Unidos. “La pena de muerte es racista. Como no pueden dictar pena de muerte a todos los homicidas en Estados Unidos entonces tienes que seleccionar cuál de estos mil homicidas cometió el delito más atroz y en el momento en que hace eso influyen parámetros de raza, de situación, de contar con una buena defensa de abogados”.
“Si eres blanco pues obviamente te va doler más que uno latino o de origen africano asesino a una persona blanca, que si lo hizo un blanco. Más aún si el homicida aparte de ser moreno, es migrante o tiene un estatus de ilegal. Muchos de los 60 mexicanos que están condenados a muerte se podrían salvar con una buena defensa, con intervención a tiempo de los consulados. Soy un cadáver deportado, que goza de cabal salud y que camina por todo México”, rubricó.
AMN.MX/lr
