“Me he convertido en un vampiro de verdad”, dijo un Cortázar agónico

“Me he convertido en un vampiro de verdad”, dijo un Cortázar agónico

 

El escritor argentino se infectó de sida tras una transfusión de sangre contaminada

CIUDAD DE MÉXICO, 26 de agosto (Al Momento Noticias).- El escritor argentino Julio Cortázar (1914-1984), de quien hoy se celebran cien años de su nacimiento, pasó los últimos días de su vida postrado en una cama, sintiendo un inexplicable cansancio, con diarreas, manchas en la piel, infecciones de todo tipo y, lo más alarmante, un desmesurado aumento de los glóbulos blancos a la vez que los doctores detectaban una pérdida de defensas inmunológicas.

A decir de la escritora y periodista uruguaya Cristina Peri Rossi —quien acompañó a Cortázar en los últimos días de su vida y lo animó a visitar prestigiados doctores para que lo atendieran— el autor de Rayuela murió de sida —una enfermedad sin nombre a principios de los 80—, y no de cáncer o leucemia como se especuló muchos años.

“El sida no se había identificado cuando Julio lo contrajo, era una enfermedad sin nombre. Consistía en un retrovirus no identificado. Lo contrajo porque sufrió una hemorragia estomacal en agosto de 1981 cuando vivía en el sur de Francia. Lo hospitalizaron y le hicieron una transfusión de varios litros de sangre, que después se supo, en medio de un gran escándalo, que estaba contaminada, afirma Rossi, quien sostuvo una relación sentimental con Cortázar.

“Años después se supo que esa sangre, que venía de la Cruz Roja, estaba contaminada. Se produjo un gran escándalo que terminó con la destitución del ministro de Salud Pública. La sangre se compraba a emigrantes pobres. No se realizaban pruebas, análisis, porque el sida era desconocido”, explica Rossi.

Sobre esa transfusión, Cortázar le escribió a Rossi lo siguiente: “Me he convertido en un vampiro de verdad porque me han tenido que cambiar la sangre y la pobrecita Carol (su esposa, quien murió dos años antes que Cortázar con la misma sintomatología) me tuvo que llevar al hospital más cercano”.

Recuerda que ningún doctor supo decirle a Cortázar qué enfermedad había contraído. No tenía ninguna denominación específica y sólo le decían que era un raro virus sin identificar que le había provocado una “pérdida de defensas inmunológicas”. Aunque no sabían qué padecía el escritor, descartaron que se tratara de un cáncer.

Cortázar, desesperado, le decía a Rossi: “¡No me dan nada para tomar, ni una pastillita”. Y resignado, contaba: “No tengo cáncer, me lo dicen los médicos franceses, y después nos ponemos a hablar de literatura”.

Julio Cortázar murió el 12 de febrero de 1984.