Sadomasoquismo, el placer del dolor

Sadomasoquismo, el placer del dolor

 

CIUDAD DE MÉXICO, 11 de agosto (Al Momento).- El sadomasoquismo es una práctica sexual que utiliza el dolor, la dominación, o incluso la humillación, para obtener placer. Sadomasoquismo viene de dos términos: sadismo y masoquismo. El sadismo consiste, por parte de una persona, a infligir sufrimiento al objeto de su deseo para acceder al placer. El masoquismo, al contrario, consiste en recibir, y necesitar, este sufrimiento para alcanzar el mismo placer. La pareja, establece una relación de dominante/dominado, en la que la puesta en práctica de violencia verbal y servicios corporales les va a proporcionar una satisfacción intensa.

En el sadomasoquismo se puede participar de dos formas: como amo o como sumiso.  El amo es el que dispone, el que manda, el que “golpea” y maneja la situación, mientras que el sumiso es el que recibe y obedece.

Por ello, antes de practicar sadomasoquismo hay que tener muy en claro cómo es que se va a participar, porque no puede ocurrir que al recibir el primer golpe, el sumiso se levante y devuelva el golpe.

1)    El sadomasoquismo es una práctica de vínculo sexual con golpes, insultos, jaladas de pelos o insultos.

2)    En el sadomasoquismo todo está planeado y nadie hace nada si no está de acuerdo.

3)    El sadomasoquismo puede cambiar siempre y cuando la pareja que no quiere lo plantea y prohíbe a su compañero actuar de esa forma.

En las prácticas sadomasoquistas, el dolor es la fuente de placer, por lo tanto, se utiliza en el marco de una relación sexual para disfrutar.

No hay que confundir el bondage con el sadomasoquismo. Aunque actualmente el uso de esposas, e incluso de látigos, es una forma de amenizar la vida sexual, el verdadero sado está en otro nivel. Para empezar, necesita una puesta en escena particular, lo que explica que se suela practicar en clubes especializados. Cada miembro se viste con prendas que definen su estatus y utiliza diversos instrumentos: máscaras, esposas, cuerdas o cadenas, látigos, fustas.

El “maestro” se entrega a todo tipo de rituales para someter a su “esclavo”. En un punto de vista de humillación, podrá obligar a su pareja a adoptar posturas desagradables, atarla para dominarla mejor, utilizar la violencia verbal (insultos) e infligirle torturas físicas: flagelación, inserción de objetos en las mucosas (vagina, ano, boca), etc. En algunos casos extremos, el sadomasoquismo puede conducir a mutilaciones mucho más severas, como piercings, tatuajes, o incluso sacrificios y quemaduras.

Considerado durante mucho tiempo una práctica desviada y reprensible, estaba relegado a ciertos medios, como las redes de prostitución. Excepto en el ámbito del intercambio o del bondage, el sadomasoquismo ha dejado de ser un tabú. No obstante, el verdadero sado, el que hace daño, sigue siendo una práctica marginal.

La medicina también desconfía de este tipo de prácticas y estima que el sadismo proviene de una patología psiquiátrica severa. Sin embargo, el riesgo de encontrar a un sádico real es bajo, ya que las reglas del juego se deben definir al principio por la pareja. Se trata más bien de un comportamiento dominador temporal consentido que de una tendencia real perversa sin límites.

Se deben fijar límites para evitar romper la fantasía: algunas prácticas pueden ser peligrosas, ya que al hablar de violencia se habla de heridas. Por lo tanto, la pareja deberá haber establecido un código que, al utilizarlo por la persona que se somete, marca la detención inmediata sin discusión. La seguridad no es negociable, del mismo modo que hay que calcular bien el impacto de estas prácticas sobre el equilibrio psicológico de cada uno, particularmente del dominado.

La violencia y las humillaciones que la pareja se autoriza no son indisociables del lazo afectivo que la une. Al contrario, los rituales sadomasoquistas se basan ante todo en la confianza mutua.

AM.MX/arm