
Los votos los pronunciaron con voz de ultratumba, para que todo estuviera a tono durante la tétrica ceremonia, incluso practicaron a conciencia la manera de andar.
Tras las declaraciones de amor y el esperado “sí”, también hubo mariachis, zombies por supuesto, en la sala del banquete nupcial. De la misma forma el pastel no podía ser uno cualquiera, así que los recién casados sustituyeron la típica pareja de azúcar por un cerebro de dulce.
QMX/arm
