
Son infinitos los ejemplos de casos de mujeres internacionales que han llegado al poder. El poder de un país como el de EE.UU, Michelle Obama, el poder de la reina de Holanda, Máxima, o el poder de movilizar la opinión pública con su carisma como Oprah Winfrey.
Son mujeres que no han nacido siendo estrellas, que han tenido que luchar por cada uno de los aplausos o halagos que recibe. Mujeres como Angela Merkel, o Kate Middleton, incluso Madonna.
Defienden sus ideales y han sido llamadas a la excelencia, pero no son las únicas. Hablamos de mujeres normales que no han llegado a dominar un país ni a dirigir una nación, pero sí poseen el poder dentro de las paredes de su casa, que con una mirada reprochan a sus hijos, que llegan agotadas del trabajo, hacen la compra, van al banco a pagar las facturas, y pasan por el pediatra.
Ellas son mujeres históricas, elegantes, hippies, sencillas, extravagantes en paro, con tres trabajos a la vez, hogareñas, peleonas, divertidas, sosegadas, acomplejadas, guapas y gladiadoras. La excepcionalidad les define día tras día.
Con información de Europa Press
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