
Los modernos auxiliares en audición, han evolucionado de tal manera que mediante un chip se programan las frecuencias en donde el paciente requiere más apoyo, con lo cual hace que el sonido sea más agradable y la persona pueda mantener una buena comunicación.
Aun cuando los avances no se notan en los aparatos, pues no hay la manera de darle “mil formas para que un aparato entre en el oído”, la tecnología es muy distinta. Anteriormente un aparato, básicamente era un amplificador.
Los auxiliares de hoy, tienen cuatro bandas o canales que se programan en la frecuencia que sólo se requiere amplificar; el umbral del confort ubica el sonido justo en el rango donde el paciente escucha de manera “a gusto”.
“Son aparatos muy novedosos, avanzados tecnológicamente que proponen una solución; permiten a la persona que tiene una pérdida auditiva escuchar más a gusto y mejor”. Un auxiliar auditivo es como un ecualizador, en donde se modulan los graves, los agudos, dice Sandrine Dupriez.
La labor del especialista en audición es trabajar con el paciente para encontrar en cuál frecuencia tiene la pérdida, para que después de una serie de estudios, programarlas de acuerdo a las necesidades de la persona.
Antes de determinar si se requiere o no de un aparato auditivo, como primer paso se realiza una audiometría para ver cuál es el grado y tipo de pérdida, y de esta manera tener el diagnóstico para recomendar la clase de auxiliar a usar.
El rastreo auditivo o audiometría, se realiza mediante cuatro tonalidades en cada oído, las que permiten detectar si la persona tiene pérdida, para posteriormente llevar a cabo un estudio más completo y poder determinar qué tipo de pérdida se padece.
Son cuatro las pérdidas las que un paciente puede tener: tonal, umbral del confort, ósea y neurosensorial.
Otro prueba es la pronunciación de palabras cortas en monosílabos
La tonal define el rango en el que se escucha menos a gusto. El umbral del confort, hasta dónde puede escuchar con sonido fuerte, hasta donde son molestos. Indica el rango en el que se tiene que aumentar o no el volumen.
La audiometría ósea determina el tipo de pérdida, si es conductiva; “el sonido, ondas sonoras que impactan al tímpano y a los huesecillos, los que transfieren el sonido. Esto es mecánico, puede ser que el oído no capte de la misma manera, no reacciona con la misma forma de transmitir las ondas sonoras”.
La neurosensorial, el nervio de audición recibe las ondas sonoras impecablemente, pero al momento de transferir el sonido al cerebro va entrecortado.
Cuando se define que tipo de pérdida tiene la persona, se hace la prueba ósea para saber cómo escuchamos a través de nuestros huesos, lo que da una idea del eco que puede tener cuando se hace la adaptación del auxiliar auditivo, el cual será programado de acuerdo a la necesidad del paciente.
Otro prueba es la pronunciación de palabras cortas en monosílabos, las cuales si son repetidas de manera impecable, es que la persona escucha bien. De lo contrario significa que hay algo que impide distinguir la frase y repetirla.
“Cuando las personas tienen sus auxiliares auditivos, se hace la misma prueba y se le demuestra que de 10 palabras antes había escuchado cinco y ahora ocho, hay un 30 por ciento de mejora sobre la forma en la cual escucha”.
Aun cuando puede parecer elevado el costo de un auxiliar auditivo, que va de los siete mil hasta 45 mil pesos (incluye revisiones, ajustes, equipo de limpieza, reprogramación, pilas para seis meses y todos los servicios) siempre será mejor contar con un aparato.
Pues asegura, Sandrine Dupriez, la audición es como cualquier músculo, si no se ejerce deja de funcionar, se deja de escuchar. El oído pierde su capacidad para distinguir las palabras, “lo cual entre más pasa el tiempo, el cerebro está menos ejercitado para distinguir las palabras del sonido, del ruido”.
Por ello, enfatiza que la pérdida es paulatina. La persona generalmente “no se da cuenta de momento”, pero si tiene dudas de lo que escucha, pide que le repitan las palabras, son señales para acudir a revisión y ver si necesita apoyo auditivo.
La revisión inmediata es importante, pues generalmente las personas tardan 10 años para atenderse. Son muchos años en los que se dejan de escuchar bien y será más el tiempo para volver a oír o a acostumbrarse a distinguir las palabras, “por eso entre más temprano busque una solución, mejor audición se va a tener”.
Con el fin de crear conciencia sobre un tema tan serio como la sordera, ya que muchas veces la gente con pérdida auditiva suele esperar casi 10 años antes de actuar, Connect Hearing editó y presentó en el marco de la III Semana del Sonido que organizó la Fonoteca Nacional, el libro “Escucharte más”.
A través de los testimonios de quienes padecen esta discapacidad, pretende prevenir la pérdida auditiva, reducir a la mitad la cantidad de niños y adultos jóvenes con dificultad de audición.
La idea, es también que las personas de 60 años de edad con pérdida de audición “sepan que hay soluciones muy diferentes que permiten seguir escuchando”.
“Escucharte más”, es una antología de cuentos que ayudan de manera creativa y diferente a comprender la realidad y vencer las principales causas del retraso en el tratamiento de la sordera,
La directora general de Connect Hearing, una red de centros auditivos en México, señala que cuesta mucho trabajo imaginarse lo que implica no escuchar, posiblemente porque quienes escuchan normalmente nunca han vivido la experiencia de la falta de sonido.
Por eso, dice que es necesario comprender la situación que viven los que tienen esa dificultad, porque sólo así podremos comenzar a integrarlos de manera completa a la sociedad, pues no se tiene la paciencia para estar a su nivel, para hablarles más lento y con dicción clara.
“La pérdida auditiva es un padecimiento que no se nota, nadie puede ver que la tiene”, enfatiza a Quadratín México.
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