Robo de arte religioso,actividad “lucrativa”

Robo de arte religioso,actividad “lucrativa”

CIUDAD DE MÉXICO, 20 de septiembre (Quadratín México).- No tienen temor de Dios, por el contrario, los millones de piezas de arte sacro que se encuentran en los miles de sitios dedicados al culto religioso y los millones de dólares anuales que se generan como producto de su robo, son un imán para aquellos que se dedican a tan “lucrativa” e ilícita actividad, que hace olvidar todo sentimiento de culpa o “condena divina”.

 

Pocos o nulos son los datos actualizados que se tienen respecto al robo de arte sacro, ya que no se tiene un fiel registro de las piezas de arte que se encuentran ya sea en la iglesia más modesta del pueblo más apartado o en una majestuosa catedral de alguna importante ciudad de la República Mexicana.

Lo cierto es que poco a poco las grandes catedrales y las pequeñas iglesias van perdiendo su patrimonio artístico, quedando sus altares “limpios” de los oleos, imágenes o retablos motivo de la fe y adoración de los feligreses.

En la exposición de motivos de la iniciativa propuesta en el Congreso de la Unión el 23 de abril de 2009, por el priista Gerardo Octavio Vargas Landeros, señala que el patrimonio cultural de México es reconocido como uno de los cinco más ricos e importantes del mundo, el cual en los últimos tiempos ha “sufrido un fuerte aumento en cuanto a robos en el país y exportación ilícita en busca de mercados adecuados y lucrativos”.

Según Vargas Landeros, el robo de arte religioso es catalogado actualmente, como “una de las categorías más comunes del crimen internacional”.

En su documento, expone que este delito ocupa el tercer lugar en cuanto a magnitud y alcance económico, después del tráfico de drogas y la venta de armas.

Según datos de la Secretaría de Cultura de España, el tráfico ilícito de bienes culturales ocupa el tercer lugar en la clasificación mundial de mercados ilegales y en el mundo genera seis mil millones de dólares por año.

Gerardo Octavio Vargas considera en su exposición que el robo y la venta de ese tipo de bienes, conlleva el blanqueo de dinero mediante refinados sistemas que permiten “limpiar” los recursos producto de la actividad ilícita.

Datos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el país cuenta con 13 mil monumentos históricos de carácter religioso, con unos tres millones de pinturas, esculturas y mobiliario.

Además se calcula que en la República Mexicana hay unas cuatro millones de piezas de arte sacro distribuidas en 19 mil templos, desde santuarios hasta catedrales, parroquias y capillas.

Por desgracia dice que ese patrimonio es constantemente saqueado, como parte de una actividad en la que no sólo participa el crimen organizado en México sino una enorme red de tráfico mundial.

Según el priista, los bienes robados van principalmente a Estados Unidos, Japón y Europa, donde llegan a coleccionistas particulares y a museos privados.

El mismo instituto, señala en su exposición, ha informado que de 1997 a noviembre de 2006, en el país los robos en recintos religiosos ascienden a 375 óleos y 379 esculturas.

En muchas parroquias hay obras de arte de estilo barroco y colonial, de las cuales se desconoce el gran valor, que atrae a los ladrones, quienes buscan principalmente pinturas y esculturas de los siglos XVI y XVII.

El robo de piezas religiosas se ha difundido en estados como Michoacán, Jalisco, Tlaxcala, estado de México y Puebla.

A su vez, el también priista, Juan Pablo Jiménez Concha considera que el robo de arte sacro afecta al turismo religioso, ya que nuestro país ocupa el primer lugar en el mundo en este tipo de visitas.

En la exposición de motivos de la iniciativa propuesta por Jiménez Concha en el Congreso de la Unión en mayo de 2010, refiere que un estudio realizado por la Oficina Española de Turismo en Roma, la industria de los viajes religiosos o espirituales mueve a unos 300 millones de personas cada año con un volumen de facturación de 16 mil millones de dólares, los cuales representan aproximadamente 218 mil 400 millones de pesos.

Y México es la nación más visitada “que el Vaticano y que los mundialmente conocidos santuarios de Lourdes en Francia o de Fátima en Portugal”.

Ante esa situación, lamenta que no se le dé la importancia al robo de piezas religiosas, pues  “debemos cuidar los santuarios, los lugares de Fe, las iglesias, los lugares religiosos y todos aquellos espacios donde se generan cultos religiosos de alguna índole”.

Señala que Puebla, Tlaxcala, Guanajuato, Guerrero y el Estado de México, son las entidades que presentan los índices más altos de robo de piezas sagradas.

Juan Pablo Jiménez Concha refiere en la exposición de motivos de su iniciativa, que el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM considera que el arte sacro no tiene ninguna protección legal en comparación a la que reciben las piezas prehispánicas.

“Tiene menores restricciones” lo que origina que se conviertan en “simple mercancía cuando llega a las manos de coleccionistas privados o dueños de galerías”.

Añade que al no existir obligación “de reportar la fecha de la compra-venta, las características de la pieza o de revisar sus antecedentes para verificar que no se trate de un artículo robado, pues simplemente aun no se cuenta con un catálogo completo sobre el arte sacro mexicano con el que se pueda hacer una comparación”.

La laxitud en la actual legislación permitió que el robo de arte sacro se convirtiera en la segunda actividad delictiva con mayores ganancias en el territorio nacional, después del narcotráfico, pues solamente en el sexenio pasado, según el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se registró la pérdida de 964 objetos religiosos extraídos de un universo de 19 mil edificios sacros, de los cuales se recuperaron 190.

En el documento, señala Jiménez Concha que la Procuraduría General de la República (PGR) informó que en el mismo lapso se iniciaron 192 averiguaciones previas sobre el tema de las cuales se resolvieron 175, y se estima que sólo el 10 por ciento de las piezas robadas son recuperadas.

Esto dejó a las personas que trafican con estas piezas, ganancias millonarias que no pueden cuantificarse porque evidentemente no se puede tener conocimiento del valor comercial que tiene cada pieza en el mercado negro.

Sin embargo el daño que el patrimonio histórico nacional sufre es incuantificable, por supuesto en detrimento del turismo religioso.

No obstante, expone que se han realizado algunas acciones para disminuir el robo de arte sacro.

Una de ellas se refiere a la elaboración de catálogos, aunque pierden su eficacia cuando no son de acceso público, como en el caso del que elabora el INAH, junto a otros que surgen por iniciativas locales, como en Michoacán que por conducto del Museo de Arte Colonial, en Morelia, mantiene en proceso el inventario sobre su propio acervo, así como el que realiza el INAH en Puebla, entre otros.

El 30 de octubre de 2008, la senadora Martha Leticia Sosa Govea, del PAN, propuso la creación del Registro Nacional de Arte Sacro ante la Cámara de Senadores, como una adición a la Ley General de Bienes Nacionales, donde se propone crear el registro nacional de arte sacro, dependiente del INAH.

La misma propuesta reconoce que “los organismos policiales de nuestro país no tienen el conocimiento ni la suficiente información sobre arte sacro, lo que complica más las investigaciones para la detección y consignación de los responsables, así como la devolución de las piezas sustraídas”.

El 23 de abril de 2009, el diputado priista Gerardo Octavio Vargas Landeros, llamó a adicionar el Código Penal Federal para elevar las penas “de cinco a 20 años de prisión y multa de 100 a 25 mil días de salario mínimo” a quien sustraiga arte religioso.

Refiere que han sido más de diez propuestas desde la Legislatura LIX hasta LX, para modificar el Código Penal Federal, el Código Federal de Procedimientos Penales así como Ley Federal Sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, Ley General de Bienes Nacionales, y Ley Orgánica del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Recuerda que el 20 octubre de 2009, presentó un Punto de Acuerdo por el que se exhortó a la PGR, a crear una fiscalía especial para investigar el robo de Arte Sacro.

En México, el robo de arte sacro es un problema histórico que va en aumento y lo más grave es que nadie sabe con precisión cuánto se ha perdido en los últimos 25 años.

Los saqueos, algunos de ellos realizados con métodos muy sofisticados, rebasan desde hace años a las instituciones culturales, a las corporaciones de seguridad pública, a autoridades eclesiásticas y a las asociaciones civiles.

Por ello, urge frenar el problema con acciones contundentes que ayuden en coordinación con las diferentes dependencias a abatir el fenómeno y generar el tipo penal de robo de arte sacro, en el que se sancione a quien transporte, comercialice y compre ese tipo de arte.

Pese a las citadas iniciativas propuestas en años anteriores, donde se expone la problemática que guarda el arte sacro, poco o nada se ha avanzado en la custodia de las piezas religiosas.

Declaraciones del presidente de la Sociedad Mexicana de Autores de las Artes Plásticas (Somaap), Paul Achar publicadas en la revista Xtrem Secure, en nuestro país cada día se presentan cuatro robos de arte religioso, lo que representa hasta ocho millones de dólares anuales.

Según Paul Achar, cada pieza de arte sacro puede alcanzar un precio que va desde los mil hasta 100 mil dólares, generando así un mercado negro donde es difícil localizar la pieza robada, debido a que no se cuenta con un catálogo general, no están aseguradas y no contar con una fotografía de la obra.

Ante esta situación y la indiferencia de propietarios y autoridades, México ostenta el lugar número siete en el mercado negro de arte religioso como pequeñas esculturas, óleos, biombos, retablos y diversas piezas de ornato en altares.

De acuerdo con el experto, en Tlaxcala y Michoacán son las entidades en donde se han reportado más robos, y menciona que aunque en el país el hurto de arte prehispánico supera las mil piezas anuales, las obras religiosas reportan aún más pérdidas, porque no existe un catálogo para identificarlas.

Aunque, dice, no se denuncia mucho el robo, durante el 2011 se contabilizaron hasta 30 iglesias afectadas cada semana.

La información publicada en la edición de este 2012 de la revista XtremSecure, Achar refiere que inicialmente se pensó que ese tipo de delito era una especie de protesta religiosa o robo hormiga, sin embargo, destacó que el 42 por ciento de esos hurtos corresponden al crimen organizado que encontró un mercado natural para el arte sacro en el extranjero.

El presidente de la Sociedad Mexicana de Autores de las Artes Plásticas (Somaap), Paul Achar enfatiza que el tráfico de esas piezas no sólo se ofrece a través de Internet, sino que se comercializan libremente en mercados populares y hasta en la cajuela.

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