
Hoy se cumple un año de que la sociedad del legendario país inició una revuelta en contra del régimen del dictador Hosni Mubarak, movilización en la que jugaron un papel trascendente las redes sociales y la telefonía móvil. La comunicación entre los egipcios se estableció por estos mecanismos con mucho éxito, ante la cerrazón de los medios masivos de difusión.
En este sentido, la revista Time, dedicó su portada del año a la protesta global, retomando la foto de una manifestante. Justamente, estas movilizaciones se iniciaron en el país de los faraones, donde las pirámides han sido testigas de miles de años de civilización.
A finales de enero de 2011, los manifestantes tomaron la plaza de Tarhir, en El Cairo, misma que se convertiría en el sitio de encuentro, además de símbolo de la rebelión en contra de un régimen que permaneció en el poder casi 30 años, desde el 14 de octubre de 1981 hasta que cayó derrocado el 11 de febrero del año pasado. Después de esto, asumió el poder una Junta Militar, que sostiene serios diferendos con el islamismo político, representado en un Parlamento de tendencia islámica, debido a que en los últimos comicios, los partidos conservadores de corte religioso, se han impuesto a la ciudadanía instruida, que fue protagonista de la caída del antiguo gobierno.
A un año de distancia, la revolución egipcia no tiene como saldo una nación más justa o al menos con un sistema democrático consolidado, el desorden impera y la desesperanza ha sido paleada con un juicio al anciano dictador depuesto.
De cualquier forma, se tiene que celebrar que el engranaje de una sociedad pasmada por decenas de años empezó a funcionar. Un año no basta para modificar estructuras secularmente atávicas. Mujeres y hombres egipcios tendrán que trabajar duro para lograr un mejor estado de cosas y si alguien les quiere imponer un sistema autoritario, por lo menos, conocen el camino para echarlo abajo.
