De acuerdo con CubaNet, Noel describe que esa parte de la prisión, conocida como “área incrementada”, consiste en una zona de castigo con determinadas características específicas, como por ejemplo que son celdas de casi 4 metros de largo por 1.80 metros de ancho, con incómodas literas rústicas de cemento. El área libre es menor de 2 metros cuadrados. No tienen electricidad, y solo llega una tenue luz natural durante parte del día.
Recalca que todas carecen de ventilación, pues no tienen ventanas, solo una puerta y por ende el aire no circula. Además se filtran por el techo y albergan moho. Muy pocas tienen un tubo, sin grifo, por el que sale agua tres veces al día. Al resto (la mayoría) se le provee el agua (no más de tres cubetas por persona en 24 horas) mediante “polipresos”, los llamados “pasilleros”, que son presos que colaboran con las autoridades penitenciarias, quienes reparten el agua sin abrir las rejas de entrada a las celdas.
López González subraya que esos calabozos a los que pretenden llevar a los manifestantes están llenos de chinches, piojillo, hormigas, cucarachas, moscas, mosquitos, arañas, salamandras, ciempiés y otros bichos, pero sobre todo son sofocantes, húmedos y fríos, en fin, un infierno. “¿Así pretenderán”, se pregunta, “intimidar y amedrentar a estas personas, que seguramente estarán presos por primera vez en las mazmorras que nos dejó el fundador de la dictadura en Cuba, Fidel Castro?” Todo esto, concluye, violando sus propias leyes, ya que ese edificio es para presos ya condenados, y todos de altas sanciones y de mayor rigurosidad.
AM.MX/fm
