¿Qué hay bajo de las enaguas de esas mujeres?: Bravo Soriano

¿Qué hay bajo de las enaguas de esas mujeres?: Bravo Soriano



Eran las 12:00 horas, cuando el seudo cirujano del Hospital General de Alta Especialidad de Veracruz, Juan Carlos Bravo Soriano arribó protegido por tres mujeres –su esposa, una más joven que al parecer era su hija y su agresiva y prepotente abogada quien por cierto se negó a proporcionar su nombre- caminando apresuradamente y de manera escurridiza se sentó en una de las sillas de espera del Juzgado Tercero de Primera Instancia al mando del juez, Uriel Domínguez Colío. La mujer quien de manera arbitraria y con el mutis descompuesto -enojada y agresiva- me advertía que no le tomara fotos a su “cliente” porque no era ningún asesino. Entonces matar por negligencia ¿Qué es?

Ataviado en un pantalón de mezclilla y camisa a rayas azul, el sujeto sólo hacía lo que le ordenaban las tres mujeres y con la actitud sumisa yacía con cabeza agachada hasta que fue nombrado por la secretaria del juzgado, quien sería la que le tomaría su declaración en el desarrollo de su comparecencia. Con la misma estrategia, se levantó rodeado de las mujeres y con la cabeza abajo, pasó de un asiento a otro para intentar impedir que su rostro fuera boletinado en los diferentes medios de comunicación.

El sujeto –como lo establece la ley- se apegó al artículo 20 Constitucional y rechazó declarar. En dicha tónica, la secretaria realizó la lectura de cada una de las aportaciones de ambas partes. La de María Teresa Rodríguez Durand, la conozco al dedillo. La inadmisible, la declaración de Bravo Soriano que argumenta falazmente cuestiones que sólo en su imaginación existen sin aportar pruebas de su dicho. En el expediente consta los resultados periciales, las aportaciones que la Comisión de Arbitraje Médico donde han aportado elementos precisos señalando los procedimientos negligentes que incurrió Juan Carlos Bravo Soriano en el momento de la intervención.

Lo más indignante de la declaración del “médico cirujano” que consta en el expediente 1272/2013 es la exoneración que hace de su mala praxis argumentando canalladas. Justificando su negligente acción al argüir que todo el problema de la situación que padeció Luciano Enrique Ayil Gamboa se derivó centralmente a que el hoy occiso, era un alcohólico. No midiendo sus palabras, ni considerando a quienes lastima con dichas precisiones, el galeno incurre en la difamación al no presentar pruebas sobre la estúpida declaración que plasmó en dicho expediente. Seguramente por el supuesto alcoholismo que argumenta mantenía su paciente –quien se encontraba técnicamente a merced de él en el quirófano- su aliento lo contagió a tal grado de ejecutar una mala operación que propició que su mano temblara y originara la masacre interna que le ejecutó hasta conseguir su muerte. En verdad, una versión ridícula y absurda.

Pero qué se puede esperar de un sujeto como él. Qué se puede esperar de una abogada como la suya, que a todas luces se le nota no conoce la ética profesional, porque seguramente fue ella quien le aconsejó a su cliente nefasto que argumentara tal calumnia sobre alguien que ya no se puede defender.

Sería interesante convidar al seudo cirujano a que demuestre dicha calumnia con pruebas fehacientes donde sostenga que Luciano Enrique Ayil Gamboa era un alcohólico. Desafortunadamente para el tipo que se dice “doctor”, el aspecto del hoy finado no lucía ni años luz como el aspecto de la cara enrojecida e hinchada –típica de una persona consumidora de bebidas embriagantes- de Juan Carlos Bravo Soriano. No dudamos que bajo esa condición haya operado. Tal vez “la mona” que traía no le permitió ubicar la vesícula al grado de cortar a diestra y siniestra cuanta venas el paciente tenía hasta provocarle el coma y posteriormente llevarlo a la muerte. O peor aún, que lo ha haya operado con todos sus sentidos al 100, pero todo fue derivado de su incapacidad para practicar una operación quirúrgica.

Denigrante actitud. Pero que se puede esperar de un sujeto que mata con licencia y luego se esconde temeroso bajo las faldas de las mujeres para que lo defiendan y posteriormente, huya como un cobarde para no dar la cara a los medios de comunicación que lo único que buscaban tener la información más amplia del problema.

Mi absoluto reconocimiento


Alguien que ha tenido que sopesar este proceso con dolor, es la familia de Luciano Enrique Ayil Gamboa. Un proceso penal es muy desgastante y le quiebra el ánimo a las víctimas, cuando logran visualizar el grado de corrupción entre el poder judicial quienes por razones incomprensibles y con forma estratégica, hacen víctima a los culpables y culpables a las víctimas. Para María Teresa Rodríguez Durand y sus hijos adolescentes el duelo no deja de mermar en su espíritu, quienes junto con los hermanos de Luciano, han tenido que soportar la adversidad y dejar el luto a un lado para intentar dejar precedente en el estado, en el municipio y en su más estrecho contexto, la importancia de denunciar de cualquier arbitrariedad en las instituciones de salud.

El día de hoy María Teresa tuvo que volver abrir las heridas que aún se encuentran al rojo vivo. Estar cara a cara con el asesino de su esposo, créame amable lector, no es algo que se le desea ni al peor enemigo.

Tu llanto mi querida Maritere, nos duele a todos. Sabemos lo doloroso que es para ti intentar mantenerte fuerte ante tus hijos, pero pese a todo tu esfuerzo, el ánimo en ocasiones se quiebra.

Estamos y lo sabes. Aquí firmes hasta al final de este proceso tan ignominioso concluya. Con la firme decisión de poder honrar la memoria de Luciano quien encontró la muerte en manos de un carnicero que se dice “cirujano”.

Quejas y comentarios

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Twitter
AGNVeracruz

Facebook
AGNVeracruz

Visita www.agnveracruz.com.mx
Periodismo puntual y con sentido

Las ideas y opiniones aquí expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan el punto de vista o la línea editorial de Informaver y Arcadeleer. Respetamos y defendemos el derecho a la libre expresión.