
El periódico La Jornada en la publicación bajo la autoría de Fernando Camacho Servín titulada “El caso demuestra el vínculo entre las fuerzas de seguridad y la delincuencia” -http://www.jornada.unam.mx/2014/10/05/politica/004n2pol- se refiere sobre la localización de varias fosas clandestinas en el municipio de Iguala del estado de Guerrero, en el cual advierte, se encontraban los 43 estudiantes normalistas de la comunidad de Ayotzinapa.
Las redes sociales como siempre han sido muy activas. Un video titulado “La masacre de estudiantes de Ayotzinapa, Guerrero” describe palmo a palmo lo sucedido con los estudiantes y como el pasado 26 de septiembre del 2014 fueron “levantados” y acribillados -nueve en el lugar- por parte de los elementos de Seguridad Pública tanto del municipio de Iguala como del estado de Guerrero.
En él, tanto el nombre del gobernador del estado, Ángel Aguirre Rivero y el alcalde de Iguala, José Luis Abarca Velásquez -quien “mañosamente” solicitó licencia al cabildo de su ayuntamiento para supuestamente “facilitar en las investigaciones”, al estar involucrada la policía municipal a su cargo- aparecen constantemente, los cuales son señalados de autorizar dicha masacre. A tan sólo cinco días de la matanza a los estudiantes, el edil de Iguala viéndose liberado del cargo que le confirieron, vio la grandiosa oportunidad de arreglar maletas y huir del estado, acto que en este momento lo convierte en prófugo de la justicia.
El gobernador de la entidad guerrerense, Ángel Aguirre Rivero está siendo señalado también por parte de los familiares de estudiantes de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” ubicada en la comunidad de Ayotzinapan. Lo alarmante es aluden que los normalitas fueron literalmente levantados por los cuerpos policíacos estatal y municipal, por lo que lo acusan también como el autor de intelectual de la imperdonable y dolosa ejecución. Se advierte que los elementos policíacos entregaron a los retenidos al Cártel Guerreros Unidos para que fueran ellos quienes hicieran el trabajo sucio.
La saña fue brutal. No se sabe si los cuerpos fueron quemados antes o después de muertos, pero los testimonios gráficos que circulan en las redes sociales, muestran un enfermizo odio –de los autores materiales- una denigrante saña con el afán de destruir, de pulverizar, de demostrar su mórbido poder ventajoso en contra de sus iguales. El joven –aún muy joven- Julio César Mondragón asesinado con todo el resentimiento que puede concentrar un ser humano con sentimientos denigrantes, el cual no satisfizo sus sanguinolentas frustraciones y se ensañó contra el muchacho arrancándole la cara y sacando los ojos de su cavidad hasta dejar expuesta su estructura ósea.
Ante todo esto, no existe un razonamiento lógico que lo pueda justificar tanta maldad, tanta podredumbre, de parte del quien lo ejecuta como de quién lo ordena. Intentar conocer cuáles serán sus pensamientos del gobernador del estado de Guerrero y del alcalde de Iguala es pretender ser unos gusanos como ellos. También es inquietante ver que estos no tienen ninguna reacción puntual ante tanta polución que brota a borbotones de parte de los tres niveles de gobierno -el ejecutivo, legislativo y judicial- tanto de todo el país incluida la presidencia de la República.
¿Qué pasará por sus estrechas cabezas de los servidores públicos de los diversos partidos políticos?
El problema amable lector que para ellos que maten a los ciudadanos no les provoca ningún detrimento, para ellos esto no es nada que les deba preocupar. Los enquistados no ven más allá de sus propios intereses, no sufren ni se acongojan. Al contrario, están más preocupados porque estos sucesos les provocan bajas en las elecciones. Ridículamente se preocupan por eso, cuando todos sabemos la forma cómo se las roban. El pueblo jamás elige a sus gobernantes.
Los zánganos en el poder, sólo se preocupan por tener garantizado su excesivo salario, se concentran en hacer “negocios” que los hagan multimillonario, de hacer alianzas con el crimen organizado y narcotráfico para obtener más dinero. Ellos están más preocupados en generar condiciones y leyes para impedir que la gente se manifieste. Pretenden amable lector, avalar normas donde puedan matar con la Constitución en la mano y sin consecuencias. Quieren pulverizar a los gobernados, para así poder robar tranquilamente y que nadie se queje; qué no existan personas que piensen, por eso intentan denigrar la educación.
Es la causa que nunca existan pronunciamientos de parte de los enquistados en el poder, porque no les interesa ni les importa lo que sucede en el país. Saben que son los causantes de la debacle social, económica, de salud y de seguridad, etc. que impera a nivel nacional. No existe un solo rincón a salvo de la polución política, pues para ésta, todo es un gran negocio con “jugosas” regalías.
Las manifestaciones se han generado por doquier. A nivel nacional –diariamente- los medios de información aluden sobre éstas expresiones de hartazgo social. A los gobiernos corruptos actuales hasta el momento jamás ha atendido y solucionado un problema social expresado en marchas. Mediáticamente y por estrategia política, es que lo están haciendo hasta ahora con el problema de los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional, pero ha sido por que dichos masivos son realmente impresionantes.
Las manifestaciones ayudan mucho, pero no es la única forma de afectar al gobierno. Existen también estrategias como el boicot, que diseñadas y bien planeadas pueden derrocar cualquier gobierno indigno, corrupto y falto de capacidad. La participación ciudadana es de vital importancia y apoyados con lo que la Constitución Mexicana establece: la democracia. Con todo ello, es como se puede aspirar a que estos hagan un buen papel en el gobierno, que sepan que quien manda es el pueblo.
El problema dirá, qué cómo se puede derrocar a un gobierno que hace uso de los recursos que concede el pueblo, para atrincherarse y también utilizarlos –como en el caso de los normalistas- en contra del propio pueblo. Ideas y estrategias hay miles amable lector, de hecho en la propia red se pueden encontrar una infinidad de autores en donde exponen “ideas y estrategias” de cómo derrocar a un mal gobierno por parte de un pueblo harto.
Por aquí amable lector les dejo una escrita por Francisco Rubiales en el espacio http://www.votoenblanco.com/Como-derrocar-un-gobierno-inicuo_a4305.html. Propuesta que los veracruzanos no deberían de “tirar en saco roto” pues si quisieran podrían [podríamos] ejecutarlas:
“El derecho del pueblo a derrocar un gobierno, aunque ese gobierno haya sido elegido en las urnas. El derecho a alzarse contra un tirano o un gobierno dañino está reconocido en casi todos los tratados de derecho y en la mayoría de las constituciones democráticas.
El problema, por desgracia, no es alzarse contra un gobierno indigno y lesivo, sino cómo derrotarlo y obligarlo a retirarse y devolver al pueblo su derecho a elegir. Algunos gobiernos, incluyendo a algunos como el español, que se declara democrático, están tan blindados que pueden permitirse el indigno lujo de atrincherarse en el poder, aunque su pueblo le rechace, sin considerar el daño que causan a su país permaneciendo en el poder, a pesar de que son gobiernos fracasados y ya marcados por el fracaso y la derrota.
El "zapaterismo" no ha sido otra cosa que un intento perverso de blindarse en el poder, gastando el dinero público para comprar pactos y votos, para generar clientelismo y dependencia, para debilitar y aislar a la oposición y para someter, desinformar y confundir a los ciudadanos.
Ante un gobierno de esas características, rebelarse pacíficamente contra él y obligarle a que convoque elecciones anticipadas no es una opción en democracia, sino toda una obligación ineludible.
Pero el problema es cómo hacerlo, sobre todo cuando el gobierno en cuestión ha logrado pervertir el sistema, comprar votos suficientes para obtener mayorías parlamentarias, reclutar a una legión de fanáticos que le defienden y debilitar tanto a la sociedad con la corrupción y la mentira y otras arbitrariedades que ya es incapaz de unirse en la lucha por un mundo más justo y decente.
A pesar de las dificultades hay algunos caminos para obligarles a abandonar las poltronas, tras hacerles ver quien tiene la soberanía en democracia y quien les paga los sueldos.
El primero de ellos son las elecciones, en las que el partido político que ha gobernado mal debe ser derrotado de manera humillante por el pueblo indignado, como acaba de ocurrir en España con las elecciones autonómicas y municipales del 22 de mayo. En todo caso, los ciudadanos que votan deben tener presente que cuando votan a la oposición para castigar al gobierno no mejoran sustancialmente el sistema, ya que sustituyen a un partido inepto por otro que lo es menos, pero que muchas veces es tan poco demócrata y tan adicto a la partitocracia como el derrotado. Los ciudadanos jamás deben perder de vista que el objetivo de las urnas no es elegir a unos nuevos gobernantes, sino el de defender y reforzar la democracia.
El segundo es el boicot, el arma más poderosa en manos de la ciudadanía. El boicot es un arma temible que, cuando se desata, es capaz de poner de rodillas a cualquier gobierno inicuo, por mucho poder que haya acumulado y por muy antidemócrata que sea. Boicotear a determinados canales de televisión y medios de comunicación comprados por el poder es una forma terrible de obligar a los editores y periodistas a que retorne al servicio del ciudadano y de la verdad, del mismo que un boicot al consumo puede lograr que los mismos grandes capitalistas expulsen a los malos gobernantes. La rebelión de los españoles contra Zapatero ha sido un éxito memorable porque ha obligado a su partido, el PSOE, a expulsarlo del poder. Lo malo es que el drama no era Zapatero, sino el mismo socialismo, podrido por la corrupción y ya sin inspiración popular ni alma democrática.
El tercero son las manifestaciones en las calles y plazas. Las manifestaciones en calles y plazas han conseguido derribar a dictadores tan fuertes y sanguinarios como el tunecino Ben Alí y el egipcio Hosni Mubarak.Las manifestaciones atraen a los medios de comunicación y colocan la rebeldía en portada.
El cuarto es la creación de opinión a través de la verdad y la crítica. Es, probablemente, el trabajo rebelde y ciudadano más solvente y eficaz, pero el problema es que es lento y tarda años en surtir efecto. Es el que más ayuda a la formación de ciudadanos y a liberar a las personas de la esclavitud intelectual y moral generada por los gobiernos y la casta política profesional. En un mundo informado y con capacidad crítica, los políticos opresores y los canallas no podrían llegar jamás al poder.
El quinto es la denuncia ante los tribunales de Justicia. La Justicia está generalmente controlada por el poder, pero existen resquicios de independencia y juristas honrados capaces de poner de rodillas al poder político que abusa y sojuzga. Denunciar a los malos gobernantes es un recurso de gran valor para los que luchan por la democracia y la decencia.
El sexto es el abucheo, las pitadas y la humillación pública de los malos gobernantes, que deben sentir en todo momento el rechazo ciudadano y el espíritu de rebeldía que anida en la sociedad. Este recurso posee una gran fuerza psicológica, atrae a los medios de comunicación y contribuye poderosamente a desmoralizar a los opresores y sinvergüenzas.
El séptimo es la utilización de los medios de comunicación al servicio de la ciudadanía y del control del poder, tanto los tradicionales como los nuevos medios que se despliegan en Internet, éstos al alcance de los ciudadanos y altamente eficaces. Los medios tradicionales deben ser acribillados con cartas al director, colaboraciones periodísticas y artículos, sin desfallecer, aunque los que logren atravesar los filtros sean escasos. Los medios deben sentir el rechazo de la ciudadanía a la casta política que gobierna mal y que se autoadjudica privilegios y ventajas que no merece. Deben sentir con claridad el clamor ciudadano que exige democracia y limpieza.
El octavo y último es la creación de ciudadanos. Es el más poderoso instrumento en manos del pueblo. Mientras que el poder aspira y pretende crear masas aborregadas y confundidas, fáciles de manipular y con escaso sentido crítico, la democracia necesita verdadero ciudadanos, bien formados, responsables, cumplidores, reflexivo, rebeldes, exigentes y capaces de fiscalizar en todo momento a los grandes poderes. Las arbitrariedades del poder, el abuso y la corrupción son fenómenos que sólo son posibles en sociedades pobladas de fanáticos y gente sometida, incapaz de poseer criterios propios y de ejercer la ciudadanía. El ciudadano no dobla jamás la cintura para que los poderosos se le suban a la espalda. El ciudadano se rige por la verdad, cultiva los valores y necesita estar informado y debatir para alcanzar el discernimiento. Difícilmente puede ser engañado y constituye el mejor seguro frente a la opresión y a los desmanes del poder.
Existen otros muchos caminos y mecanismos de protesta que sirven para expulsar del poder a los malos gobernantes y a los anti demócratas. Los polacos luchaban contra el comunismo de Jarucelski acudiendo en masa a las iglesias y colocando los televisores mirando a la calle, en las ventanas, para que fuera visible la protesta, sobre todo cuando el régimen televisaba desfiles o discursos importantes. Los cubanos protestan mirando al mar en silencio, expresando el deseo imposible de abandonar la isla-cárcel castrista. La imaginación es siempre la gran protagonista, justo con el espíritu rebelde, en la lucha contra los tiranos y los sinvergüenzas instalados en el poder.
Es importante tener en cuenta que es casi imposible mejorar el mundo sin que previamente hayan mejorado las personas. Cambiar las estructuras y los gobiernos no suele ser eficaz porque los que llegan limpios al poder pronto se corrompen y requieren ser expulsados. Por eso, el único camino fiable para acabar con la opresión y el abuso es fabricar ciudadanos, gente ejemplar, cumplidora, responsable, informada, amante de la verdad, libre e indomable, incapaz de delegar su voluntad política y de someterse a tiranos y canallas.
Las redes sociales son una gran tribuna de expresión que la gente debe de saber utilizar adecuadamente para denunciar cualquier tipo de problemáticas o la incapacidad de los malos gobiernos actuales –incluyendo a sus diputados y senadores que no gestionan beneficios en sus distritos-. Con esta tónica amable lector, quienes viven enquistados en el poder se sentirán obligados a realizar adecuadamente el trabajo que les fueron concedidos, de lo contrario, se le puede exigir que renuncien al no estar cumpliendo en tiempo y forma con su obligación como servidores públicos.
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