La columna política

La columna política

En el arte de gobernar, el columnista es el cronómetro del timing político

En septiembre de 1984, el entonces gobernador de Veracruz, Agustín Acosta Lagunes, pidió a su operador de prensa, Rafael ‘el Negro’ Cruz, le consiguiera un desayuno con el entonces poderoso columnista del Sol de México Javier Lozada.

El encuentro se llevó a cabo, mandatario y periodista departieron un buen rato, en otra mesa, el facilitador atestiguó el éxito de sus buenos oficios.

Al domingo siguiente, el comentario de Lozada versó sobre los quehaceres de quien fungía como secretario de Gobierno, Ignacio Morales Lechuga, el texto era demoledor.

El lunes posterior, Nacho presentó su renuncia a don Agustín, su lectura fue la adecuada: ya no tenía cabida en el proyecto. Jugada de pizarrón realizada por profesionales.

Así pues, la función histórica del periodismo político es servir como canal de comunicación entre los distintos actores, para permitir la funcionalidad del sistema. El columnista es la válvula de escape que despresuriza los conflictos, no un adversario del gobernante.

Sin embargo, el mecanismo se atrofia cuando tenemos mandamases que no leen, que en todo ven un complot o que, de plano, son unos patanes que no saben hacer lectura entrelíneas. La culpa no es del mensajero, sino, del que no entiende el mensaje.

La insoslayable brevedad/Javier Roldán Dávila

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