Morir en fuego cruzado

Morir en fuego cruzado
En México el homicidio es un lugar común y se justifica con un lugar común

El pasado viernes, dos jovencitos fueron asesinados en la comunidad de Guadalupe La Patrona en el municipio de Amatlán de los Reyes, en la región de las Altas Montañas.

La versión oficial indica que Jonathan Herrera Aguilar y Eduardo Jiménez Aguilar, de 14 y 15 años, estaban lavando la camioneta de un familiar, cuando quedaron en medio del fuego cruzado que les costó la vida.

Agrega la Secretaría de Seguridad Pública de Veracruz que, los integrantes de la Fuerza Civil y la Policía Estatal, tuvieron un enfrentamiento con supuestos miembros del Cartel Jalisco Nueva Generación, el resto ya lo sabemos.

No obstante, los familiares y otros testigos afirman que los jenízaros llegaron y allanaron varias viviendas, entre ellas en la que estaban los susodichos, accionando las armas, afirman que no hubo tal enfrentamiento, sino que fue una ejecución ‘en caliente’.

Desde luego que el crimen desató una serie de airadas protestas y a ello, el gobierno de Cuitláhuac García Jiménez respondió con gas lacrimógeno, toletazos y disparos al aire. La indignación fue atendida con represión, incluidos los periodistas que reporteaban los hechos.

Cuatro días después la rabia aumenta, mientras tanto el gobierno federal, el estatal, la Comisión Estatal de Derechos Humanos y la Nacional, guardan ominoso silencio.

Bajo la premisa de que ‘estas cosas pasan’ (como el colapso de la Línea 12 del Metro) y, además, los buenos cristianos deben aceptarlas resignados, la 4T sigue acumulando cadáveres en el closet que, algún día, tendrán justicia, aunque ahora los prosélitos estén felices, felices, felices, celebrando tres años de su victoria.

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