Entre “Morris” y el Tío Lolo

Entre “Morris” y el Tío Lolo



Claro. La responsabilidad de que el PRI haya ganado las elecciones en Xalapa y otras ciudades del estado de Veracruz es del gato “Morris” y de los “ñoños” que votaron por él, “desperdiciando” su sufragio al no otorgárselo a esos “ínclitos próceres” de la democracia que son los partidos de oposición.

Seguramente fue culpa del minino y sus dueños que los candidatos de la oposición no hayan tenido una sola propuesta sólida, consistente, que prendiera en el electorado.

Sin lugar a dudas, fue el “candigato” quien echó abajo, a cambio de unas maletas con billetes, la alianza opositora que ya habían convenido el PAN y el PRD para competir contra la maquinaria priista el pasado 7 de julio.

Es absoluta culpa de “Morris” que la izquierda se dividiera en tres, pulverizando el voto que aún les es afín para postular candidatos que por sí solos no podían ganar, pero que sí podían darles posiciones en regidurías a esos partidos.

Fue por supuesto el movimiento abanderado desde las redes sociales el que les llenó los bolsillos a los mercenarios de la “oposición” que se vendieron con el PRI, que al final ni siquiera les cumplió con las posiciones que les prometió para ellos o sus cónyuges.

Ese pinche gato “Morris” es el culpable del hartazgo que hizo que los ciudadanos no salieran a votar ese domingo infausto, no la mediocridad de los políticos, su frivolidad ni su deshonestidad.

La falta de visión, ideas frescas y compromiso con las causas ciudadanas de los candidatos perdedores,  sin temor a equivocarnos, no fue lo que provocó que la gente los repudiase. Eso hay que achacárselo a quien osó burlarse de la “clase política” al convocar a la gente a votar por (otro) animal.

O al menos, todo esto es lo que gimotean en los cafés los candidatos derrotados y sus partidos para escurrir el bulto de sus propias miserias. Sin la más mínima autocrítica, quisieran llevar a la hoguera a “Morris” y a sus seguidores, porque según ellos, les robó votos. Y en el colmo del cinismo, arremeten contra la población que prefirió al gato, por haberse prestado a la “chacota” en lugar de tomar en cuenta la “seriedad” y “profundidad” de sus ofertas políticas.

De lo que no quieren hablar es que la verdadera broma, la real guasa de la pasada elección la representaron ellos mismos, los políticos cuyo único afán es el poder y el dinero. Que la verdadera tragedia es que mientras todos ellos se gastaron una fortuna en propaganda, legal e ilegal, un movimiento de protesta que se gestó en las redes sociales, sin gastar un centavo, logró más votos que muchos de los candidatos formales.

Así que sería más honesto y provechoso que reconocieran sus errores y carencias, y que aprendan de éstas, en lugar de andar como el Tío Lolo: haciéndose pendejos solos.

La culpa no es del gato, sino de quien lo hizo candidato porque no hubo más.

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