Caso jóvenes violadores; nosotros no somos monstruos

Caso jóvenes violadores; nosotros no somos monstruos

 

La respuesta que ha tenido en las redes sociales el caso de los jóvenes acusados de haber ultrajado a una menor de edad en el 2015 ha sido por demás inquietante. Las personas que se enteran por los medios de comunicación o por las redes sociales se sienten muy indignadas; más indignación ha causado la respuesta de los familiares, quienes prefieren no enterarse de lo que pasa y vivir dentro de su burbuja de impunidad para no sentirse afectados; pero las cosas están pasando.


El caso ya ha saltado a los medios nacionales; el corresponsal de la revista Proceso tuvo acceso a la investigación ministerial en donde se relata el hecho. La Fiscalía de Veracruz ya ha dicho que no se va a dejar presionar por las redes sociales; hace bien. Sin embargo el caso tiene un año en sus manos y nada ha pasado. Seguramente los jóvenes acusados ni siquiera se encuentren en el país.

El día miércoles el periódico Notiver publicó una carta de los jóvenes en donde rechazan de manera absoluta las imputaciones de las que han sido objeto. En esa carta Enrique Capitaine Marín, Jorge Cotaita Cabrales, Diego Cruz Alonso y Gerardo Rodríguez Acosta se dicen inocentes. Acusan al señor Javier Fernández, padre de la menor ultrajada, de estar utilizando a su hija para causar daño emocional y moral a ellos y a sus familias. Los jóvenes acusados de violación anotan cuatro puntos en esa carta: en el primero niegan total y absolutamente que la joven haya sido violada o ultrajada; aseguran que la menor de edad subió voluntariamente al auto con ellos; señalan que la joven no fue secuestrada; que los obligaron a grabar el video en dónde se inculpan; y que les pidieron dinero para una Fundación.

Los jóvenes se dicen víctimas. Sin embargo, hay algo que aquí no cuadra. En el video que se dio a conocer, Diego Cruz se lamenta de «el daño» que le hicieron a Daphne y a su familia, asegurando que «estaban muy, muy arrepentidos». Cundo les preguntan ¿por qué lo hicieron?, Diego Cruz justifica que lo que hicieron, lo hicieron porque estaban «mal, muy mal». Jorge Cotaita dice estar «muy arrepentido por lo que sucedió», pidiendo una disculpa a ella y a su familia «por el daño» que les causaron. A la pregunta de por qué lo hizo, Jorge Cotaita dice que «fue una mala decisión». Entonces uno se pregunta, si los jóvenes en su carta a Notiver se dicen inocentes, entonces ¿de qué se arrepienten?, ¿de qué daño hablan?, ¿cuál fue esa mala decisión?

Lo que termina de agravar el caso es que personas ajenas y anónimas ya están amenazando a los inculpados. Supuestamente el grupo denominado Anonymus ya advirtió que si las autoridades no hacen justicia, ellos están dispuestos a hacer justicia por la autoridad. Otras personas ya hablan de iniciar una cacería. En sus respuestas a las notas publicadas las personas hablan de realizar acciones aberrantes en contra de las hermanas de los violadores, compartiendo con los inculpados la monstruosidad de querer causar daño físico a otra persona.

No es por ahí. Si en este país se aplicara el ojo por ojo, viviríamos en un país de ciegos. No es por ahí, el camino de los rectos es esperar por la justicia, es exigir justicia, clamar por justicia.

Cierto que ya no confiamos en nuestras autoridades; cierto que la respuesta de las autoridades causa indignación; cierto que ya nos cansamos de la impunidad; cierto que en nuestro país la justicia es una para los ricos y otra para los pobres, pero si nos dejamos llevar por la venganza, por el querer hacer justicia por nuestra propia mano; si nos dejamos llevar por los mismos deseos bajos que los violadores tuvieron, entonces nos estaríamos convirtiendo en los mismos monstruos que repudiamos.

Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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