Facebook enferma

Facebook enferma

 

A nadie cabe duda del impacto que el internet ha tenido en los diferentes ámbitos de nuestra sociedad. El sexo, por ejemplo, no es lo mismo que en la década de los ochentas, cuando a escondidas nos metíamos al cine Radio para ver las películas clasificación C. Películas en donde las relaciones sexuales eran simuladas, puro contacto corporal, besos de telenovela, coitos de ficción; ya nosotros teníamos que aportar con nuestra imaginación el resto.

Hoy día, con sólo poner en un buscador sin filtro las palabras “sex porn”, emergen miles y miles de imágenes pornográficas con personas reales teniendo sexo explícito. Los padres que no prestan atención a esto exponen a sus hijos a material indebido, que les distorsiona la idea de la función que corresponde al sexo en el ser humano.

El mundo se ha reducido. Ya no se necesita cruzar el Atlántico para conocer Europa. Cierto, los snobs dirán que no hay como pisar el territorio europeo, pero a través del internet conocemos culturas, costumbres, personas, regiones, etc.

Las redes sociales, como lo explicara la teoría de los “Seis grados de separación”, nos acercan al prójimo, que no es sólo nuestro vecino, son todos habitantes de la raza humana.

Pero si bien en internet, como en “El Aleph” borgeano, podemos asomarnos al universo y conocer de las alegrías de la raza humana, de su tristeza, de su dolor, de su placer, de sus satisfacciones y derrotas, también podemos conocer de sus miserias, porque las redes sociales también enferman.

Algunas personas han utilizado las redes sociales para extorsionar, para secuestrar, para robar, para asesinar; otros, ociosos, utilizan las redes sociales para derramar sus frustraciones, para exhibir sus complejos, su ignorancia, para presumir su insensibilidad.

El día jueves 7 de noviembre la joven de 22 años, Gabriela Hernández Guerra, originaria de Yecuatla, Veracruz, ciudad que se encuentra a poca distancia de Xalapa, anunció en su muro de Facebook, cerca de las 9 de la mañana que se iba a quitar la vida. A manera de mensaje póstumo anotó en su muro: “Adiós a todos. No tengo nada, ya no tengo nada. Julio, te amo. Nunca lo olvides. Me voy con una sonrisa de lo feliz que me hiciste mientras duró. A mi familia perdón les pido. Los quiere Gabi”. En el mismo muro colocó una foto en donde se le veía llorando, con una cinta azul (la soga) alrededor de su cuello.

Todo sucedió rápidamente. Unos días atrás se le veía muy contenta comiendo tamales de pipián en Misantla, posando en una tienda llamada Parisina, abrazando a su padre (supongo), al tiempo que le pedía a la vida que éste le durara mucho tiempo. En otras fotos se le veía rodeada de arreglos florales, orgullosa de su familia. En un mensaje que también estaba en su muro había puesto una leyenda singular, en donde aseguraba que no le importaba lo que los demás pensaran de ella, pues con que ella se sintiera bien consigo bastaba.

Pero después vinieron los mensajes depresivos, el desencanto y el rompimiento de su relación con un tal Julio, sujeto que aparecía en algunas fotos con un paliacate en la cabeza. En algunos mensajes Gabriela daba a entender que la relación con el tal julio sólo era por las redes sociales; ignoro si el tal Julio sea el de la foto, si alguna vez la cortejó en persona o si todo fue un engaño.

En la televisión americana un documental alertó a las personas de las relaciones ficticias que se dan en las redes sociales, particularmente en Facebook. El documental se llama Catfish y muestra como algunas personas se valen de perfiles falsos, fotos falsas para entrampar a incautos y mantener con ellos, por años, una relación también falsa.

Pero el problema no se queda ahí. Una vez que Gabriela subiera su mensaje a Facebook aparecieron comentarios en su muro que resultaban completamente indignantes. Miles de esos comentarios iban acompañados de “memes” (imágenes compuestas que implican un mensaje de burla), se sumaban segundo a segundo. Se burlaban de la chica por su intención suicida.

Una vez que se diera la noticia del suicidio consumado y se colara en las redes sociales una foto de la chica colgada de una viga, entonces los comentarios se volvieron virulentos. El bullying cibernético se dio de tal manera que no sólo se exhibió la decisión que Gabriela tomara, sino la miseria de muchos jóvenes, varones y féminas, que aprovecharon el momento para promocionar sus páginas, sus perfiles o para vaciar todo su odio, ignorancia e insensatez sobre un tema tan delicado como la muerte de una joven de 22 años; ninguno de ellos se puso a pensar en el dolor de la familia de esta chica.

Era aberrante mirar lo que los jóvenes ponían. La burla se convirtió en un líquido viscoso, hediondo, que escurría en la gran mayoría de los comentarios. Los jóvenes aprovecharon las imágenes de antes y después del suicidio para crear “memes” en donde de manera simplista la tildaban de tonta.

Preocupa que la gran mayoría de los comentarios salieran de personas jóvenes, preocupa su gran insensibilidad, la ligereza con que se toman el asunto de la depresión y el suicidio.

Facebook enferma, si bien acerca a las personas, también las aleja de sus sentimientos. Las mentes jóvenes piensan que lo que pasa en Facebook sólo sucede en el mundo virtual. Las imágenes no les causan dolor, antes bien son capaces de burlarse, porque quieren demostrar que la ocurrencia les brota como si de una fuente de estupidez se tratara.

En paz descanse la joven de 22 años Gabriela Hernández Guerra.

POSTDATA 1: APOYO A SILVIA NÚÑEZ DE AGN VERACRUZ

Dudo mucho que la PGJ se atreva a hacer la detención de Silvia Núñez, directora del portal AGN Veracruz, pero sí creo en la perversidad de la Vocera Colío. Por eso, para proteger a los compañeros periodistas de actos intimidatorios debemos difundir sus denuncias. Precisamente fui a Tamaulipas a hablar de esto: "Riesgos de ejercer el periodismo en Veracruz". Luego no digan que ando desprestigiando a Veracruz. Ya hay invitaciones a otros estados y por supuesto tomaré este caso como otro ejemplo.

POSTDATA 2: LAS CARRETERAS DEL NORTE DE VERACRUZ

La carretera de Álamo a Tampico, parece zona de guerra, parece Vietnam en 1968. Precisamente los residentes de la zona nos dijeron: "Al gobierno se le olvida que el norte también es Veracruz; nos tienen olvidados”. Hubo momento en que tuvimos que detenernos completamente para vadear los baches que parecían lagunas.

Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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