Para ser un pequeño burgués

Para ser un pequeño burgués

 

Corre riesgo de ser un burgués aquella persona que teniendo un negocio próspero olvida poco a poco el origen de su patrimonio. En algún sitio de su pasado la empresa que hoy es exitosa y lucrativa empezó en un pequeño bazar donde los abuelos vendían artículos varios que la gente requería. Así surgieron muchos negocios en nuestro estado, fundados por hombres llenos de iniciativa, trabajadores, sencillos y disciplinados. Eran hombres y mujeres llenos de humanidad, a los que se les podía ver caminando por la calle con la familia, porque el bienestar de la familia era el objetivo principal de estos hombres.

Pero también lo era el cliente, a quien se le daba un trato personal, amable y considerado. Esos hombres sabían que la sobrevivencia y el éxito de su empresa estaba en brindar a los clientes un servicio de primera calidad; ellos fueron los que acuñaros y respetaron la máxima que hoy día ha perdido su sentido: “El cliente siempre tiene la razón”.

Los empleados de estos hombres eran como alumnos a quienes se les transmitían las habilidades, incluso en algunos casos se brindaba el apoyo para que ellos también sacaran adelante un proyecto empresarial.

Si bien los negocios prosperaron, esos hombres siempre mantuvieron una ética comercial que no buscaba el lucro por el lucro, antes bien prefería la ganancia bien lograda.

Pero los tiempos cambian y como sucediera históricamente, la burguesía, surgida del pueblo, ansía verse fuera de ese status, ansía convertirse en una aristocracia artificial.

Es por ello que cualquier lucha social que encabece el pueblo les resulta una molestia, un retraso, una abominación. Y por eso se quejan y hasta acusan a los participantes de esa lucha de los males que les asedian; males muchas veces causados por su propia avaricia.

En días pasados el líder de la Cámara Nacional de Comercio de Xalapa, Ernesto Pérez Astorga, acusó a las marchas de los maestros de causar pérdidas a los negocios del centro de la ciudad. Es más, tuvo el atrevimiento de solicitar al Congreso local una partida de dinero para que se compensaran sus “pérdidas”. Por supuesto, lo que el señor dice son puras mentiras, pues una de las clases que más favoreció el comercio de los negocios del centro fue la de los maestros. Los maestros, se lo recordamos a Ernesto Pérez Astorga, no son como los 400 pueblos que llegan y destazan un marrano y se lo reparten en carnitas. Los maestros, llegados de muchos lugares del estado, llenaron los restaurantes de comida, los cafés, se surtieron de víveres y hasta aprovecharon para cambiar el guardarropa.

Desafortunadamente para este pequeño burgués, la tragedia azotó Veracruz y personas que realmente tuvieron pérdidas, fueron prioridad para el gobierno del estado; por lo mismo no se tomó en cuenta la propuesta leonina de este sujeto. ¡Ya veo al gobierno dando dinero a los que más tienen, dejando en el desamparo a los que perdieron todo!

Ahora son los patrones, los miembros de la Coparmex, quienes se quejan de que sus negocios se han arruinado por las marchas magisteriales. Llama la atención ver al ex diputado federal Silvio Lagos, acompañando a esta comitiva de quejosos, un diputado que apenas se quedara sin chamba en el Congreso federal corrió a buscar un puesto de asesor, es decir “aviador” de primer nivel, en el gobierno de Javier Duarte, cosa que no se le hizo; también se sabe que su hijo está haciendo magníficos negocios con el ayuntamiento de Xalapa, tapando baches a domicilio; reparaciones que por cierto, contrario a lo que se dijo en un principio, no duran ni 15 días.

La queja de la Coparmex tiene por supuesto tintes políticos, por eso se hacen acompañar de un político; la finalidad es quedar bien con el gobierno, a costa del repudio de la ciudadanía.

Mientras al maestro le preocupa la permanencia en su trabajo, sus conquistas laborales y el futuro de sus hijos, ¿qué es lo que le preocupa al burgués? A la burguesía le preocupa que sus hijos no puedan ir de vacaciones a Orlando, Florida; que sus hijos no puedan ir a estudiar a Europa, a prepararse en negocios internacionales. A los burgueses les preocupa no poder comprar más fichas para jugar en Las Vegas; los más lascivos están preocupados porque su ramera cada día les pide más.

Es triste decirlo pero nuestra sociedad está reducida a oprimidos y opresores. Los opresores quieren seguir siéndolo y los oprimidos están hartos de serlo. Por ello todo tipo de movimiento que brinde mayores libertades a los oprimidos será siempre repudiado por los opresores. Los opresores quieren seguir teniendo mano de obra barata, y para eso no es necesario mejorar la educación de los oprimidos; antes bien le apuestan a la ignorancia, el yugo con que se oprime al pueblo.

Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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