El mirrey, los panistas y los jotos

El mirrey, los panistas y los jotos

De acuerdo con nota publicada en Vanguardia.com y citando a la firma de mercadotecnia De la Riva Group, los mirreyes “son una tribu urbana de jóvenes de clase alta que tienen una forma muy particular de vestirse, normalmente llevan la camisa desabrochada y un rosario en el cuello”. El look de los mirreyes es todo un estilo de vida. De acuerdo con esta firma un mirrey “es el resultado de la combinación de los juniors y los metrosexuales (…) son personas que tienen la necesidad de estar presumiendo y aparentando, esto lo logran a través de visitar antros de moda, ir acompañados de guardaespaldas, tomar champaña, usar ropa con marcas visibles, terminar las palabras con ‘uqui’ e ‘irri’, utilizar términos en inglés, usar lentes de sol y poner ‘cara de pato’ en las fotos”.

Si entendí bien esta definición, los mirreyes no son menos estrafalarios que otras tribus urbanas como los emos y los darketos. Sólo que estos, a diferencia de las tribus citadas, son además dignos de lástima. Su filosofía es el dinero, la presunción, la denostación, la comparación, la intolerancia y la estupidez. Sienten que porque papi les compró un título en la Ibero, son dignos de ocupar un puesto en la dirección de cualquier empresa o creen que le están haciendo un favor a “la prole” si aceptan la Secretaría que el gobernador, amigo de papi, les está ofreciendo. Por eso tratan a sus subordinados con prepotencia, pues creen que el pueblo debería de dar gracias por el favor y sacrificio que ellos brindan a su país; porque se siente dueños del país.

Los mirreyes se sienten la antítesis del naco; pero en ese giro que pretenden dar para alejarse de la naquez, algunos llegan a alcanzar los 360 grados y terminan por asumir actitudes de naco. Sólo hay que checar su indumentaria, que a pesar de ser de diseñador, en ocasiones alcanza el estado sublime de lo kitch.

Los mirreyes son homofóbicos porque dentro de sí traen un gay oculto; es comprensible, se reúnen entre tanta gente guapa que la amistad platónica termina siendo un amasiato vedado, que sólo se consuma en el pasón o en la borrachera. Se despierta el hermoso mirrey al lado de otro chico enfundado en unas briefs de Calvin Klein, pero se prometen silencio para salvaguardar la sucia hombría.

El icono de los mirreyes por supuesto es “Luis Mirrey”, pero como el canto no se les da prefieren parecerse a Roberto Palazuelos, su “Diamante negro”, auténtico mirrey que se dice actor a pesar que en el set sólo se interpreta a sí mismo.

El mirrey se opone a cualquier iniciativa popular. No se puede estar de acuerdo con la prole. Por eso no es de extrañar que sean enemigos acérrimos del candidato de la izquierda, de quien no saben ni siquiera su nombre porque sólo lo conocen con el despectivo nombre de “el peje”.

Se hablan de tú con Ferriz de Con, un periodista “buena onda” y con Adela Micha, una chava alivianadísima que da las noticias por la tarde. Compran la revista Poder y Negocios aunque se nada más para leer los encabezados. Su sueño es estar algún día en la lista de Forbes y para ello esperan ansiosamente la muerte de papi, para poder heredarlo.

De esta clase de sujetos es el joven panista Juan Pablo Castro, ejemplo clásico de lo que son las juventudes partidistas en este país. Un sujeto que no tiene oficio parlamentario (nada más hay que ver como tartajeaba al hablar), al que se le escurren las ideas por el odio que siente ante lo que no es nice. Es amigo de Mariana Gómez del Campo, una tipa que ha hecho su carrera en el PAN como golpeadora profesional, protegida de Margarita Zavala y del propio Calderón que la considera unos de sus alfiles más preciados en el ajedrez del Distrito Federal.

Ella invitó a este imbécil a jugar a ser diputado. Se reunieron en la Asamblea Legislativa del DF junto con otros jóvenes, la mayoría como ellos y por un momento se sintieron importantes.

En su intervención el muy imbécil de Juan Pablo Castro propuso “una iniciativa de ley que criminalice el consumo de todo tipo de sustancias estupefacientes prohibidas por la ley” (sic). Esa es su iniciativa, dijo, no explicó las razones, sólo la concluyó ahí y se fue sobre las cosas que más odia, los “jotos” y Andrés Manuel López Obrador. Según él se opone a que una persona que tardó 14 años en terminar sus estudios de universidad gobierne este país, y se opone al matrimonio entre “jotos”.

De inmediato vinieron los reclamos y el joven panista (aunque ahora el PAN lo niegue), después de faltar el respeto a un grupo importante de personas con preferencias distintas a la suya, pidió respeto para él.

Aunque eso de “preferencias distintas” no está muy claro del todo. En unas fotos que andan circulando por la red, el joven mirrey aparece junto a un amigo en una pose no muy masculina. El amigo, poco agraciado por cierto, recostado en el quicio de una terraza extiende su mano y toca con su índice, el índice de Juan Pablo Castro quien, de pie, ataviado con una playera verde que no esconde sus lonjas, mira tiernamente a su compañero de pose. Lo siguiente suponemos será el abrazo.

Un homosexual no es obligadamente “joto”. Los hay y muy varoniles. Pero si quisiéramos una foto para ilustrar un artículo sobre jotos, la anterior sería que ni mandada a hacer.

Los mirreyes son consecuencia de un país con ignorancia y desigualdad social. Un país televiso que ha perdido los valores aunque desvergonzadamente los presumen: “Tienes el valor o te vale”.

Hasta su red social muy particular tienen: www.myrreybook.mx. Pero a los mirreyes hasta la crítica les vale, porque su único valor es su apariencia.

Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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